Adiós a Llano Sie7e días

|   Opinion

Por: Sérvulo Velásquez (*)

 

Se acabó Llano Sie7edías, el periódico tradicional del Meta. Después de 24 años y 3 meses de circulación, 3837 números, mucho papel y mucha tinta, innumerables noticias -buenas y malas - y diversas y variadas columnas de opinión, se produjo su cierre definitivo el pasado miércoles 28 de febrero.

La mañana de ese día, en reunión extraordinaria, les notificaron a los empleados tal "decisión empresarial", y en seguida les entregaron los cheques de liquidación. Bueno, al menos les cancelaron los salarios a tiempo.

Periodistas de otros medios locales de comunicación que preguntaron a la Casa Editorial El Tiempo, propietaria del tabloide, las razones para cerrarlo, recibieron la respuesta de que los motivos eran estrictamente económicos: "el producto" había cumplido su ciclo. En otras palabras, no era rentable.

Desde la otra orilla, la de la comunicación y el periodismo independiente, pensamos, al contrario, que un medio impreso o digital más que un producto meramente comercial es un referente de la cultura, un instrumento para el ejercicio ciudadano del derecho fundamental a la información –informar y ser informado - y una fuente documental para la historia.

Quizá antes de acudir al recurso extremo de la liquidación, se hubieran podido explorar otros como el rediseño de contenido y forma, la migración a plataformas digitales y la implementación de nuevas estrategias de mercadeo. Pero no; la inexorable sentencia de la obsolescencia programada había sido proferida por los dueños del poder económico y político que lo son también de los medios. La suerte estaba echada.

 Así pues, que Llano Sie7e días desapareció sin pena ni gloria. O mejor con más pena que gloria: sin previo aviso, sin acta de defunción ni funeral, sin siquiera un piadoso obituario, sin al menos una nota de despedida, sin explicación alguna a sus lectores como lo exige la decencia, tras casi cinco lustros de acogida y respaldo generosos.

Pero ¿cómo vamos a reclamarle la virtud de la decencia –consideración, buenas maneras y respeto- al magnate Luis Carlos Sarmiento Angulo, accionista mayoritario de El Tiempo, representante eximio del capitalismo salvaje en Colombia y por extensión aquí en el llano?

¿Cómo se le va a pedir esa virtud o cualquiera otra al dueño de Coviandes, principal responsable de la tragedia del puente de Chirajara e integrante del grupo foráneo de Los Nuevos Llaneros que han venido acaparando tierras para la agroindustria en el departamento del Vichada y la Altillanura, mediante las viejas triquiñuelas del “despojo legal” de los campesinos?

Como enseña la sabiduría popular, “Así paga el diablo a quien bien le sirve”: un periódico emblemático de la región ha sido cerrado, 20 empleados perdieron sus puestos de trabajo, el puente de Chirajara está quebrado; e igual que en la novela de Eduardo Caballero Calderón, los campesinos otra vez se quedaron sin tierra como Siervo Joya.

(*) Columnista del periódico entre los años 2005 y 2010.

En Campo Castilla dirigentes de Guamal y Acacías