El Duelo

|   Opinion

Por: Jaime Eduardo Espinel Riveros (*)

 

El duelo es un sentimiento que oprime al corazón y cuerpo por todas partes, lo causa la mayoría de las veces la pérdida de alguien o de algo que no es recuperable. El golpe llega a veces esperado y a veces inesperado, en el primer caso, por ejemplo, el duelo causado por la persona que sabemos que va a morir.

Otras veces el saber que la muchachita quedó embarazada de ese novio que tanto la quiere, pero que del afán se les olvido usar el condón, o sencillamente no lo usaron por que no iba a pasar nada. De seguir el embarazo seguramente termina en nieto, que va a llenar de alegría y ocupaciones tanto a la mamá como a los abuelos. Si le toca abortar, es un duelo que durará toda la vida con sentimiento de culpa y todo.

Pero volviendo al duelo, inicialmente es el dolor de darse cuenta que, ya lo que era no va más, terminó.

Cuando se es joven se siente que ese duelo es compartido por algún grupo de amigos y familiares etc.; cuando se envejece el duelo se agrega a otra cantidad de sentimientos que se  llevan en solitario, entonces hay llanto y mucho silencio y esperamos  que estos martirios nos ayuden a alcanzar el cielo, es decir, ayuden a purificar el alma para que Dios nos perdone las embarradas contra muchos de los 10 mandamientos.

Así son estas cosas que nos van llevando a través de la vida, extender los brazos para apaciguar el dolor, pero sabiendo que de todas maneras va llegar y nos va a doler por todo el cuerpo.

Hoy como es un día gris y con lluvia, es necesario escribir sobre estas cosas, es de esos días en que Dios parece estar de vacaciones posiblemente en Moscú, y no aparece por ningún lado para dar consuelo ni para dar respiro, pero hay otros que la gateada de un nieto visto a través de Skype, o la voz de ese ser tan pequeñito y tan frágil que a través de la distancia  dice glu glu, lo cual obviamente quiere decir abuelo te quiero mucho.

Y cada vez que eso pasa, se descubre que el mundo no es tan oscuro, y la esperanza tiene esperanza en las palabras, y las sonrisas de esos pequeños.

Tal vez sea por estos dolores y estas alegrías que la vida vale la pena vivirla.

Coletilla: Para finalizar mi columna anterior titulada, Polarizados: QUE VIVA DUQUE.

(*) Especialista en oficios varios.

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