El vicio de la lectura

|   Opinion

Por: Jaime Eduardo Espinel Riveros (*)

 

Cuando contamos la cantidad de libros que no solamente se tienen, si no también aquellos que han sido robados, los perdidos en viajes, los que nunca han devuelto, y hace cuenta de la  plata invertida y de las comodidades que se hubiesen podido comprar, entramos en una pequeña desazón, esta se grava cuando nos damos cuenta que somos unos viciosos, con toda la cultura del vicio: parchamos con amigos que comparten la adicción, formamos combos donde compartimos información de autores, temas, discusiones, etc., para después, ya abierto el apetito, nos dirigimos a las librerías para comprar más libros.

Por la razón anterior ir a una biblioteca no es tan agradable, porque allí solo prestan libros, y la necesidad no solamente es el placer de leerlos, sino también de guardarlos, de sentir la necesidad de poseerlos, de tenerlos disponibles.

Ir a una librería es como llegar donde el jibaro para el drogadicto, o un bar para el alcohólico. Al ingresar al establecimiento no solamente se busca el libro recomendado, sino también se revisan los estantes para caer en nuevas tentaciones, así el resultado es que en un rincón de la casa se van acumulando libros, creyendo que algún día talvez haya tiempo para leerlos.

En viajes implica la necesidad de llevar los libros que están en proceso de ser leídos, y que deben caber en un maletín para este menester, porque en la maleta de viaje nunca caben. Son varios libros por que los temas tienen que variar de acuerdo con el ánimo en que se está, las circunstancias, compañía y otras razones que nada tienen que ver con la razón, la variedad de temas es inmensa: de vacas, gallinas (soy zootecnista), poesía, pornografía, ciencia ficción, etc.

Es un vicio, porque el único motivo para leer es el placer, es sentir un puntico de excitación en todo el cuerpo, que lo lleva a uno a querer pasar a la siguiente línea, al siguiente parágrafo o a cualquiera de los libros que están por ahí esperando ser leídos.

Eso es todo, no es para educarse mejor, ni para ser una mejor persona, ni para entender a las mujeres, ni para ser un mejor papá o mamá, ni para ser un mejor o peor hp, etc., sencillamente: porque sí.

Cuando se adquiere la fama de buen lector, lo acusan de intelectual, de ideólogo, inteligente y no les cabe en la cabeza, que leer es como tomarse un trago con los amigos, disfrutar de una cocina bien sabrosa, caminar hacia un atardecer, andar con la mujer que uno quiere, bailar boleros incluyendo los compromisos que se puedan adquirir, etc., etc.

No es ni más ni menos que eso, y sin ninguna pretensión, solo placer.

(*) Especialista en oficios varios.

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