Justicia especial para Santrich

|   Opinion

Por: Germán Vargas Morales (*)

 

Si alguna duda existía sobre la creación de la JEP (Justicia Especial para la Paz), como una institución diseñada a la medida y para establecer, entre otros fines, la impunidad a los miembros de las FARC, debe quedar plenamente disipada cualquier duda, con lo que está sucediendo en el caso Santrich.

Con la solicitud de captura con fines de extradición adelantada por la Fiscalía a solicitud de EEUU, comenzó el sainete. Conspiración para transportar sólo 10 toneladas de cocaína a Europa. Es la acusación según la justicia gringa, y que en Colombia conocemos como tráfico de estupefacientes.

Todo lo que tiene que hacer la JEP, es verificar si el delito fue cometido antes o después del 1 de diciembre de 2016, fecha de la firma del Acuerdo de Paz, para determinar su competencia jurisdiccional.  Y no ir más allá, como suspender la extradición, mucho menos cuando aún no existe un pedido oficial de ella, de acuerdo con el correspondiente tratado.

Con estas actuaciones, la JEP está poniendo en peligro el orden institucional, y según el fiscal General de la Nación, es una amenaza para la democracia, por lo cual ha solicitado la intervención de la Procuraduría.

El choque de trenes es inminente, y el escándalo jurídico-político se ha visto amplificado por la huelga de hambre, y la pifia del Episcopado.

Santrich, que no es ningún pendejo, sabe muy bien que si lo extraditan se pudre en la cárcel de USA, pues no solo le van a cobrar lo traqueto, sino el secuestro de los norteamericanos etc., etc.

Así que, como cualquier capo que se respete, prefiere una tumba en Colombia que una cárcel en gringolandia.

Por esa razón no va a suspender su huelga de hambre o la va condicionar, mientras sigue disfrutando de una cómoda celda, proporcionada por un acto humanitario, de la Conferencia Episcopal que preside nuestro arzobispo de Villavicencio, a quien por humanidad privó a un niño con cáncer y en agonía, ver a su padre.

¿Y qué pensarán y exigirán ahora los demás presos del país?

Yo soy católico, apostólico y romano, pero qué pena, creo con el debido respeto y como otros altos prelados de la iglesia católica, que en este caso, al señor arzobispo de nuestra ciudad se le fueron las luces contribuyendo a crear un terrible precedente para la justicia y una burla para las víctimas.

(*) Ingeniero Industrial M. Sc. Abogado.

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