Todo salió mal con el puente Chirajara

|   Opinion

Por: Gabriel Ernesto Parrado Durán (*)

 

En varios medios de comunicación, y a personas de diferentes gremios y sectores, respecto al evento ejecutado el miércoles 11 de julio del 2018: “Implosión de la pila c del puente atirantado Chirajara", escuché decir repetidamente la expresión, “Gracias a Dios todo salió bien”.

Ante esa expresión, mi opinión es la siguiente:

Sí señores, respecto a la implosión de la pila c del puente atirantado Chirajara, gracias a Dios todo salió bien, pero los cálculos, diseño y proceso de construcción salieron muy pero muy mal, lo cual demuestra los altos grados de corrupción, no solo de quienes contratan y construyen las obras, sino de quienes dirigen el país.

Estos errores que cuestan mucha, pero mucha plata, los terminamos pagando nosotros, los ciudadanos colombianos, vía peajes, impuestos y concesiones eternas.

Las preguntas que me hago, y les hago a ustedes, entre otras, son:

¿Y por estos costosos errores quién le responde al país?

¿Quién recupera las vidas perdidas?

¿Quién responde por los daños al medio ambiente?

¿Quién paga las consecuencias negativas generadas a los familiares de las víctimas, ciudadanía y economía regional y nacional?

¿Quién responde por los años de atraso que se generan a la región y al país este tipo de errores, que se podrían evitar si nuestros gobernantes y contratistas (léase grandes grupos económicos) fueran honestos?

¿Dónde está la voz de protesta y reclamo de nuestros dirigentes, de la clase política, gremios y ciudadanía en general?

Con el respeto que se merecen quienes dicen "Gracias a Dios, todo salió bien", yo no creo que todo haya salido bien, por el contrario, creo que todo salió mal, y muy mal, por eso fue necesaria la implosión.

Por estas y otras razones tenemos que estar atentos y participativos para reclamar nuestros derechos, frente a la mediocridad de obras que se realizan en nuestro municipio, departamento y país, que en ocasiones, gracias a la corrupción, atentan contra nuestros recursos, calidad de vida y hasta contra nuestra propia existencia.

No podemos seguir siendo espectadores ante la corrupción. Villavicencio, Meta y Colombia, sus presentes y futuras generaciones necesitan ciudadanos proactivos, conscientes y trascendentes.

Dios nos bendice siempre.

(*) Ingeniero industrial, docente, periodista, conferencista.

Meta la región de los crudos pesados