Turismo sin visión en el Embrujo Llanero

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Por: Moisés Zúñiga Garzón.

Eran los tiempos de esmeraldinas montañas que aún otean el lienzo de la acuarela viviente de las inmensas llanuras orinoquenses, que aunque minadas en su exotismo, las unas como las otras, aún conservan buena parte de su embrujo natural, el otro ha sido arrebatado por la mano depredadora de la industria petrolera, el desarraigo vegetal, la caza y pesca, planificaciones sin proyección y hasta del mismo servidor turístico.

Navegaré esta crónica sobre los lomos del comienzo de la Ruta del Embrujo Llanero, no más hasta donde se avizora al indomable pueblo de los cajuches, San Martín de los Llanos; podremos visualizar el descriptible encanto y el disfrute paisajístico que ofrece la bondad natural que aún podemos percibir, el vestigio de lo que fue y que hace aflorar la añoranza; no importa, de las imaginaciones también se disfruta aunque la tristeza la embargue.

En esa subregión que se denomina Piedemonte Sur Llanero en el departamento del Meta, también se encuentra otra que ha brotado de mi imaginación, y he solido llamarla en mis escritos y alocuciones como “El Cordón petrolero del Piedemonte llanero”, por aquello de la exploración y explotación de hidrocarburos en Acacías, Guamal y Castilla la Nueva, práctica, que si bien ha traído beneficios, son más las negatividades, el deterioro social, ambiental y cultural, producto de influencias foráneas que han transformado la idiosincrasia, sobre todo de nuestra juventud.

El medio ambiente se ha sentido profundamente por la exploración y explotación, que han arrasado con muchas culturas de producción agropecuaria, una de ellas la mano de obra campesina, contaminación de flora y fauna, entre otras, son latentes ante la mirada permisiva de unos y otros.

Todo lo anterior ha repercutido negativamente en la práctica turística en todas sus representaciones y manifestaciones, el cual se ha venido transformando y acomodando con nuevas propuestas: el avistamiento de aves, ciclopaseos diurnos y nocturnos, deportes extremos, cabalgatas, caminatas, conciertos, prácticas religiosas puestas en escena en Semana Santa, turismo artístico.

La subregión es rica en propuestas de disfrute natural para propios y visitantes, convirtiéndose en destino turístico, que desafortunadamente aún tiene que lidiar con prácticas de comportamiento negativas, sin que se vislumbren programas y proyectos de cultura ciudadana a favor de nuestra naturaleza, estado que determina la vida de lo irracional y racional, siendo la primera emporio de sabiduría que es utópicamente arrasada por la actitud  irracional de lo racional.

Quebradas, caños y ríos eran emporios vírgenes de un turismo incipiente bajo el manto verde de cordones vegetales, barreras naturales que toleraban el paseo de olla, sin infraestructura y sólo al abrigo y arrullo de brisas que bajaban cantarinas impulsadas por el estribo cordillerano; todo se fue transformando por la influencia cultural que abrió senda a la inversión estructural que se fue llevando por delante la exuberancia floral y faunística, hasta dejarla hoy en día a la más mínima expresión, dándole paso a la bullaranga y otros ruidos que incomodan y destruyen el hábitat que hoy, si hubiésemos conservado, sería el fuerte de nuestro turismo: “El trinar de aves canoras, avistamiento de las mismas, senderos enmarcados de vegetación, primates y otras especies de animales cuadrúpedos y rastreros, la pesca deportiva, gastronomía propia y prácticas típico-folclóricas de la región, adornando todo ese mundo de fantasía con cuentos, mitos y leyendas”.

Sí, eso todavía existe al lado de otras prácticas riesgosas y de adrenalina, pero ya en un limitado paisaje trasformado por la tecnología que garantiza bienestar económico al servidor turístico, pero que repercute negativamente en el medio ambiente, ni siquiera ellos mismos generan prácticas de conservación bajo la mirada distante de quienes tienen el deber y la misión de exigir.

Colateralmente hay daños sociales, pero también beneficios, no se está educando ambientalmente por parte  del servidor turístico y estatal, hay chispazos tenues de ONG altruistas, pero que no tienen el músculo económico para la estabilidad en sus agendas.

Las basuras, sobre todo en temporada alta, hacen parte del paisaje desamparado de todo orden de responsabilidad, inadecuada explotación de material de arrastre del río Guamal, cuadro de componentes que espera correctivos, faltan programas de cultura ciudadana.

La desolación ambiental es latente, añoranza que nos entristece al traer a nuestras memorias esas chapuceadas en nuestros hilos cristalinos de aguas púrpuras que nos permitían retozar de un albedrio saludable. Era la aventura natural que hoy esta transformada a fuerza de modernismo y por el irremediable consumismo, por eso la aventura extrema que se practica en todos estos municipios desde el ciclismo, ciclomontañismo, cabalgatas, caminatas, parapente y otros actos que generan emoción, riesgos y adrenalina y, no solo esto hace parte del turismo moderno, aquí está presente el turismo agroturístico y el pecuario, el búfalo, las avestruces, más las especies nativas hacen parte del dossier, sin dejar de lado el turismo científico, porque eso de avistar aves y captar sus sonidos guturales, es “ciencia turística”. La ciencia en el turismo es sabiduría que transforma.

El impacto social es latente y palpable por la innovación a fuerza de necesidades debido a la transformación de costumbres, medio ambiente e influencias culturales, su impacto es visible. Todo fuese ideal si autoridades y demás generaran seguimientos juiciosos para implementar costumbres sanas en pro del cuidado del medio ambiente, y que cuando se den negatividades se aplique correctivos para hacer efectivas las normas y no actuar a través chivos de expiatorios para mostrar efectividad.

El enfoque que se debe complementar en todos los parámetros del turismo en sus diferentes expresiones es el de misionar acciones, programas y proyectos direccionadas hacia una visión que genera bienestar social. Es indispensable apoyar iniciativas propias de emprendimiento en gastronomía, artes y, las demás culturas de la región que están siendo desplazadas por lo foráneo convirtiendo a nuestras nuevas generaciones en atípicas.

Muchas son las soluciones, para que entre lo foráneo se destaque lo criollo y típico, por ejemplo, fortalecer las casas de cultura, porque ellas son la fuente del turismo artístico y procesos de cultura ciudadana; potencializar las instituciones educativas en áreas de cultura ambiental, historia y costumbres. Es que la historia y las costumbres con el complemento de cuentos, mitos y leyendas, son otro potencial turístico.

Y las fuentes están ahí en el mismo Estado, llámese vereda, barrio, municipio región o nación, incluso desde los mismos núcleos familiares, solamente hace falta sentido de pertenencia y querencia sin discriminar lo foráneo, porque cuando la diversidad cultural habla el idioma de lo integral y respeto por el otro, todos compartiremos con empatía una sociedad incluyente, no solamente desde el turismo, sino desde todos los pareceres. Es que la identidad cultural de nuestro país, es su diversidad cultural y la debemos compartir.

Guamal es despensa frutícola del Meta.

En Campo Castilla dirigentes de Guamal y Acacías