Aquel 9 de abril en Villavicencio

|   Opinión

Por: Óscar Alfonso Pabón Monroy (*)

 

Desconcertados quedaron los habitantes de Villavicencio pasada la 1 y 30 de la tarde de aquel viernes, cuando desde Bogotá y a través de sus radios escucharon la noticia sobre el asesinato de Gaitán. Una mezcla de rabia, miedo y tristeza cundió a los liberales del pueblo, sentimiento que se hizo más crítico al ser suspendido inexplicablemente el servicio eléctrico, hecho que impedía continuar enterándose de los acontecimientos de la capital.

Al parecer las autoridades municipales en vista de la gravedad de la noticia y con miras a evitar la alteración de los ánimos, optaron por suspender dicho fluido. Para la época los radios no funcionaban con pilas, ni mucho menos había sistema transistorizado.

Dicha medida resultó contraproducente, ya que lejos de cumplir su objetivo, sí encendió los ánimos de los pueblerinos gaitanistas.

Como consecuencia del referido “corte” de electricidad se fue formando una gruesa manifestación armada, la que entre vivas al partido Liberal y abajo al Conservador (En cabeza de Mariano Ospina Pérez gobernaba a Colombia), se movilizó por las calles céntricas. Subió por la del hoy hotel Savoy, llegó al sector norte del parque Infantil, acera en donde se localizaba la sede de la empresa de energía eléctrica (Inmueble hoy ocupado por una institución educativa).

Allí demandaron el restablecimiento del servicio, pedido que los enardecidos lograron de inmediato. Luego encolerizados bajaron por la calle Real sobre la cual se ubicaban la alcaldía municipal y el puesto de Policía, esquina en la cual se registró una confrontación violenta entre la fuerza pública y los ofuscados civiles.

Resultado: 3 uniformados muertos y destrucción parcial de las volquetas recolectoras de basura, parqueadas frente al denominado edificio municipal.

Las actividades cotidianas se suspendieron de inmediato, debido al caos que en pleno Centro se desató. Por ello los estudiantes fueron devueltos a sus casas; los empleados y demás personas ajenas a lo que acontecía, para evitar encontrarse con la enardecida muchedumbre, tuvieron que extraviar y buscar nuevas rutas para ir a sus viviendas.

Como era de esperarse, pronto el pueblo quedó militarizado. Esa noche los habitantes en sus casas con incertidumbre estuvieron pendientes de las noticias que los radios de tubos marcas Philco, Telefunken y RCA Víctor desde Bogotá trasmitían en torno a la alarmante situación que dominaba a la capital de la República.

De Bogotá para Villavicencio

El oportunismo comercial de toda ocasión no se hizo esperar. De manera sorprendente y a pesar de la difícil comunicación con Bogotá por vía terrestre, sumado al caos allí reinante, casi al otro día ya en Villavicencio se ofrecían mercancías de las saqueadas en los grandes almacenes de la capitalina carrera séptima. De esa manera y a precios cómodos los villavicenses obtuvieron herramientas, relojes, lujosos abrigos y otros varios artículos.

Lo que vino luego de ese día

Aunque los ánimos se atemperaron en el pueblo, en los siguientes días del viernes 9 el nerviosismo quedó entre las gentes, quizá como preparándolas para afrontar aciagos momentos que pronto aparecieron, haciendo eco a lo que ocurría en el resto del país.

Villavicencio como lugar estratégico de entrada y salida  del Llano soportó durante todo el tiempo en que se desarrolló esa etapa triste de la historia, que conocemos como la “violencia de los años 50”, durante la cual  el Oriente colombiano fue el principal escenario.

Escuchando hoy las narraciones de esas jornadas, parece que los hechos acaecidos en la capital de Meta fueran pasajes inverosímiles de una trágica novela, puesto que se montó una implacable persecución contra los liberales, cuyas casas en las noches y como sentencia de destierro eran señaladas con carbón.

Muchos fueron víctimas de atentados en sus viviendas y otros ejecutados en las mismas calles, que de manera rutinaria amanecían ensangrentadas. Increíble es oír contar que el río Guatiquía fue sepultura de muchos cadáveres NN, culpados de liberales.

Humanismo sobre fanatismo

Luego de los años trascurridos desde aquel 9 de abril de 1948, quienes en Villavicencio fueron testigos de lo ocurrido ese día y del posterior largo proceso de violencia generado por tal suceso, que enfrentó de manera encarnecida a chulavitas y cachiporros (Léase conservadores y liberales), siguen recordando y reconociendo las buenas acciones de algunos prestantes ciudadanos militantes del partido Conservador, que poniendo su humanismo por encima del fanatismo sectario de tan difícil época ayudaron a cuanto liberal les llamó.

Casos como el de doña Julia Rodríguez Méndez y familia (Parientes cercanos del expresidente, Abadía Méndez), así como el médico, Jorge Sabogal, quienes colaboraron en la obtención de “salvoconductos de movilización” a gentes del pueblo y muchas otras, que llegadas en angustiosa persecución desde el Llano adentro, las que en interminables filas trataban de conseguir ese documento oficial, pues sin éste no podían salir de la región.

Ese éxodo provocado les obligaba a abandonar todo tipo de propiedades, oportunidad –al parecer- que aprovecharon muchos que “pescaron en río revuelto” logrando hacer fortuna fácilmente.

La benevolencia del galeno Sabogal le ocasionó problemas entre sus copartidarios, quienes en represalia por auxiliar a la “chusma” (Calificativo en aquellos años dado a los liberales alzados en armas y que generalizaban para todos los seguidores de esa ideología política), cierta noche le arrojaron una bomba que destrozó parte de una de sus casas.

Mi análisis en abril de 1996

Luego de casi medio siglo se superaron los apasionamientos ideológicos que fueron factor común en aquellos tiempos de desorden nacional, los cuales en lo local poco se conocen y solo están guardados en la memoria colectiva de quienes de una u otro manera se convirtieron en actores o testigos de semejantes episodios, recuerdos por demás importantes para el análisis de la historia sociopolítica regional.

Mi análisis en abril de 2017

El 69 aniversario del crimen del caudillo liberal, Jorge Eliécer Gaitán, coincide con la celebración del domingo de Ramos y el Día Nacional de la Memoria y la solidaridad con las víctimas del conflicto armado.

Con los primeros meses del tránsito hacia la construcción colectiva de paz estable y duradera, estado del cuerpo y del alma en el que los colombianos no hemos vivido nunca, porque la violencia y los odios intestinos partidistas en diferentes épocas nos han consumido.  

Que la memoria del cruel conflicto armado, sin egoísmos y rencores nos sirva para pensar en que los colombianos nos merecemos percibir y conocer la paz y que sensaciones y colores tiene.

Al fin y al cabo la PAZ en un derecho fundamental y hasta bíblico.

(*) Comunicador Social comunitario.

En la carrera 7A con calle 19 de Bogotá se ubica el sitio en donde el 9 de abril de 1948 asesinaron al caudillo liberal.
Ubicación de la empresa eléctrica de Villavicencio, entre el parque Infantil y caño Parrado (Mapa de Villavicencio 1916 en el álbum de la FAFO, Villavicencio imagen del pasado).

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