Las mujeres no somos esclavas, ni mercancía, ni un objeto para hombres

|   Opinión

Por: Nohora Stella Tovar Rey (*)

 

Vuelve y juega. Las noticias sobre ataques contra la mujer llenaron nuevamente los titulares de los noticieros y periódicos, registrando la indignación por los hechos ocurridos contra Claudia Johana Rodríguez, quien murió a manos de su expareja en un centro comercial de la ciudad de Bogotá. La mujer ya había advertido y denunciado la situación, y tristemente pasó lo peor.

No busco por este medio generalizar como violentos a todos los hombres, muchos dan ejemplo de comportamiento frente a la mujer, han aportado al crecimiento y a la superación de muchas mujeres y jóvenes, pero no se puede dejar de alertar que las cifras de violencia están en un nivel crítico.

Darle muerte a una mujer conlleva, por demás, en la mayoría de los casos a desarmar familias, madres que dejan a sus hijos sin la posibilidad de crecer con un ejemplo.

Casos como el de Rosa Elvira Cely, Jhoana Rodriguez, Luz Elena Bernal Martínez en Palmira (Valle), Paulina Tascón en Medellín, solo es la muestra de muchos que se vienen dando a manos de sus parejas o ex parejas sentimentales.

Según cifras de Medicina legal, al mes de abril de este año habían sido asesinadas 204 mujeres.

Tenemos que cuestionarnos sobre cuáles son las causas de estos fatales desenlaces, tal vez esa arraigada cultura machista que hace pensar a la sociedad que la mujer es propiedad de alguien, que pertenece a una persona,  como si se tratara de un objeto que se puede devaluar, vender o usar al antojo del “dueño”.

Tal vez la insensibilidad que dejó la cultura narcotraficante en la que se trató a mujer como objeto de exhibición y exclusividad, o quizás la crisis de valor que agobia a Colombia, en donde la vida dejó de importar y se extermina como si no aconteciera una tragedia de por vida para sus familiares, un hombre violento tiene que aprender a pensar que cuando vulnera a una mujer es como si estuviera atacando a su hermana, a su madre.

Han existido avances normativos como la Ley  1761 de 2015, se creó el delito autónomo de feminicidio, se han aumentado las penas dentro del Código Penal, pero ninguno de esos factores ha permitido disminuir la violencia contra la mujer.

Ese fenómeno que no escoge clases sociales, tiene que prevenirse desde la correcta atención y seguimiento, inclusive, desde las familias brindar un apoyo oportuno, que exista una ruta ágil de atención a la mujer que le permita saber qué camino tomar cuando se enfrente a la violencia contra ella.

El Gobierno Nacional tiene que sacudirse, hay problemas que están dañando el alma de Colombia y este es uno de ellos, no todo puede ser “Fast Track” ni amnistías a criminales, acá hay una urgencia real para proteger la vida de las mujeres en Colombia y que corresponde a toda sociedad decir, no más mujeres atacadas, no más mujeres atacadas, ni una más, ni una menos.

(*) Senadora de la República.

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