¿Quiénes somos cuando estamos al volante?

Por: David Sáenz (*)

 

Natalio Cosoy es un periodista argentino y reportero para la BBC en Colombia. Antes de mudarse al país, sus amigos y familiares le advertían sobre lo riesgoso que puede resultar este país, pues hay peligrosos grupos al margen de la ley: Bandas criminales, paramilitares, narcotraficantes, guerrilleros, etc.

Sin embargo, tal como lo escribió en un artículo que publicó para su medio de comunicación, Mi primera vez frente al miedo en Colombia, lo que más miedo le ha causado en el país no es lo relacionado con el conflicto armado, sino la manera como los colombianos conducimos.

Cuando se piensa en el caso de Natalio Cosoy, se abren ciertos interrogantes: ¿Por qué puede llegar a asustar tanto el tránsito en Colombia?, ¿No es una contradicción que sea más angustiante exponerse a las calles que al mismo conflicto? Gran parte del conflicto entre los grupos al margen de la ley se ha vivido en la parte rural, pero en las calles de las ciudades y en las carreteras del país, el conflicto lo genera el ciudadano común y corriente.

Siempre me ha causado curiosidad la manera como los colombianos manejamos, y más que ser un encuentro entre la vida y la muerte, es porque en la manera como conducimos se ven reflejados nuestros vicios y nuestras virtudes. Lo que asombró a Cosoy no fueron nuestras virtudes, sino nuestros vicios, y hoy quisiéramos dedicaremos a hablar un poco de ellos.

El primer vicio que salta a la vista en la manera como conduce la gente es, quizás, la arrogancia, el deseo de mostrar el poder y el éxito a través del carro. Por eso algunas personas son capaces de endeudarse por muchos años e incluso tener una vida austera para lograr pagar las cuotas.

Hay personas que comen muy sencillamente, por ejemplo, pero no porque sus salarios no les permitan comer bien, sino porque en la sociedad del espectáculo necesitan mostrar que tienen carro para poder ser admitidos. Hay incluso un refrán popular que cuadra bien con esta situación: “Antes muertos que sencillos”.

Otro vicio puede ser la hipocresía, pues el carro, tamaño y marca, permiten generar la sensación en el conductor de sentirse seguro al demostrar su capacidad adquisitiva. Esa puede ser una de las razones que motivan la abundancia de “selfies” de conductores al volante en las redes sociales. También hay un fenómeno extraño: Cuando algunos ciudadanos encuentran un lujoso auto estacionado y sin su conductor, aprovechan la oportunidad para tomarse una fotografía, y así tal vez fantasear sobre lo que quisieran tener y no tienen.

De igual manera el tamaño y marca del carro le confieren al conductor un poder amenazante, para infringir miedo en los conductores de los vehículos más pequeños, entre estos, las motocicletas y bicicletas.

Por otra parte, la imprudencia es el vicio más alarmante. El filósofo francés, André Compte-Sponville, define la prudencia como la memoria del futuro, y al parecer nosotros carecemos de ella, pues si pensáramos un poco en todas las víctimas de las vías, no seríamos tan osados para conducir, dejaríamos de acelerar desenfrenadamente por alcanzar la luz verde, no usaríamos el cinturón de seguridad tan sólo para evitar una multa, no convertiríamos un carril en dos, ni utilizaríamos la berma para adelantar, etc.

En un artículo publicado en Caracol radio [1], el presidente de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, Ricardo Galindo, afirmó: “El país registra 7.000 víctimas fatales al año por accidentes de tránsito y 40.000 lesionados”.

Podríamos seguir hablando de cada uno de estos vicios, en los que la ley del más fuerte es la que impera. Sin embargo que esta sea la oportunidad para pensar en las virtudes que disminuirían el miedo a la muerte cuando se está en la vía, y también en aquellas virtudes que nos harían ciudadanos más amables y conscientes de que un auto no significa ser más que otros, ni celebridades, ni inmortales ni dueños del destino de los otros.

Un auto es tan solo un mal necesario, y entre menos se utilice, sería mejor, pues se promovería el uso del transporte público, donde las personas sin importar su procedencia socioeconómica lograrían encontrarse en un lugar común.

Por qué no decirlo, el deslegitimar el uso del transporte privado promovería el uso del transporte alternativo, tan necesario para el cuidado del medio ambiente.

(*) Docente. Contacto: davidsaenz@usantotomas.edu.co

 

REFERENCIA:

[1] caracol.com.co/radio/2017/02/11/nacional/1486826617_496306.html

 

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