Dos Araucas y un río

|   Opinión

Después de “Llano/ llanero/llanura" la palabra Arauca es de las más repetidas en las canciones de música llanera. Texto de Leonel Pérez Bareño (*) [1]

 

El concepto más repetido en las canciones de la música llanera colombo-venezolana, después de “Llano/ llanero/llanura”, es el de Arauca. El presente papel busca establecer por qué este suceso se produce, por encima de otros nombres tan obvios y constantes como Apure, caballo, sabana, gabán. Para ello se acude al desentrañamiento de la realidad sociológica correspondiente a la araucanidad colombiana y venezolana, las que comparten historia, cultura, economías y un tipo de habitante: el llanero.

Existen dos Araucas, cuyo origen se deriva del río que las hermana a través de dos naciones, otroras unidas por las circunstancias político-administrativas. La Arauca de Venezuela se refiere al Cajón de Arauca Apureño, CAA, y la de Colombia al Departamento de Arauca, DA. Cuando un venezolano confirma su carácter de araucano, alude a su pertenencia al CAA, una subregión venezolana localizada al sur del Estado Apure; análogamente un araucano de Colombia se refiere a su adscripción al DA.

El Estado Apure limita al sur con dos ríos colombo-venezolanos, el Arauca y el Meta, al oriente con el Orinoco y al occidente con la línea imaginaria que bordea el departamento de Arauca. Si en Colombia el río cubre 300 km, en Venezuela lo hace en un recorrido de 750 km. Hay más río Arauca en Venezuela que en Colombia. El Arauca venezolano atiende a la subregión apureña llamada Cajón de Arauca Apureño, que toca por el norte el río Arauca y al sur el río Meta, al oriente el Orinoco.

En su interior existen dos municipios, a saber: Rómulo Gallegos, capital Elorza, y Pedro Camejo, capital San Juan de Payara. La extensión del CAA y el DD, juntos, es de unos 70 mil km2, similar a la del departamento del Meta en Colombia. Las principales poblaciones del CAA, casi todas en la ribera del Arauca, son: Ciudad Sucre (frente a Saravena), La Victoria (frente a Arauquita), El Amparo (frente a Arauca), luego siguen Puerto Infante, El Yagual y Elorza. El CAA se compone en su totalidad de sabanas planas e inundables, donde pastan ganados de forma extensiva. El río Arauca apenas entra a territorio venezolano ya no corre hacia el oriente como ocurre en territorio colombiano sino hacia el nor-oriente, acercándose a la cuenca del Apure. Al desembocar ambos en el Orinoco se hallan muy cerca uno del otro (unos 30 km), hasta el punto que en inviernos fuertes unen sus aguas para formar una inmensa laguna.

La Arauca colombiana se refiere al DA, el cual contiene siete municipios: Arauca, la capital departamental, Tame, Saravena, Arauquita, Fortul, Cravo Norte y Puerto Rondón. Pronto tendrá un octavo (Jordán), segregado mayormente de Arauquita. Los puertos sobre el río Arauca son Saravena, Arauquita y Arauca. Este departamento, a diferencia de la gran sabana homogénea venezolana, consta de cuatro sistemas naturales muy distintos: Cordillera, piedemonte, selvas y sabanas, todos afectados por el crecimiento descuidado de la explotación petrolera, la potrerización, la saca indiscriminada de maderas y el incremento de la población. Esta última pasó de 70 mil a 280 mil habitantes en el lapso 1987-2017.

En más de 500 canciones los compositores de la música llanera colombo-venezolana le cantan a Arauca, a las dos Araucas, la colombiana y la venezolana. El término comprende la ciudad capital del departamento colombiano del mismo nombre, el departamento todo, el río, el Cajón de Arauca Apureño, el “Paso Arauca” o Paso Real del Arauca, donde se ubica el puente Marisela y se asume como el lugar donde se enfrentó Florentino con el diablo –según el poema de Alberto Arvelo Torrealba, tan bellamente cantado por el Carrao de Palmarito y José Romero Bello-, la ribera del río, las sabanas y los habitantes araucanos de los dos países. Los colombianos descienden en su adscripción al río desde los linderos con Boyacá y el Norte de Santander, y los poblados en su ribera, mientras que los venezolanos además de cubrir lo anterior bajan hasta la desembocadura del río Arauca en el Orinoco. En su recorrido pasan por media docena de poblaciones, y muchos hatos y lugares famosos en la novelística de Rómulo Gallegos y la música vernácula. Hacia el norte, entre los ríos Arauca y Uribante, existe lo que algunos escritores venezolanos han llamado el Cajón de Apure Apureño.

Estas dos Araucas, el CAA y el DA, constituyen el corazón cultural de la gran región de los Llanos colombo-venezolanos. Hacia el norte se hallan los cinco estados contiguos llaneros de la Región Llanos de Venezuela. En Colombia, hacia el sur, el Llano comienza en Arauca, atraviesa a Casanare, de fuerte influencia boyacense, y llega al Meta, muy ligado a Cundinamarca y Tolima. El Meta prolonga su radio de acción económico y político, cultural y social sobre el Vichada, Guaviare, Vaupés y Guainía. El Meta es el líder de la región Orinoquia, por su fuerza económica, electoral y demográfica. La empresa privada y sus vigorosos municipios garantizan un desarrollo musical alto, similar al de Casanare y mucho mayor al araucano. En los últimos 30 años ha crecido la influencia santandereana sobre Arauca, que se suma a la tradicional proveniente de Venezuela y Boyacá.

Apure es el estado fronterizo binacional que junto a Barinas, Cojedes, Guárico y Portuguesa, conforma la región Llanos de Venezuela. Ocurre que el joropo trasciende esta región y sus cinco Estados, y constituye un baile y una música acogidos por toda la república venezolana. El joropo es el baile nacional de Venezuela. Se estima en las regiones no llaneras, como Amazonas, Guayana y Central, sin desmedro que la ejecución de la danza y el canto del joropo presenten diferencias notables entre región y región. Contrario a esto, en Colombia el joropo, aunque ha ganado importancia en grado alto, no es la música nacional. Se baila y escucha ante todo en los Llanos Orientales, una de las cinco regiones del país, pero mucho más aceptada y nacional es la música vallenata. Alguien podría preguntar por el “joropo” del Tolima Grande (“en mi tierra todo es gloria cuando se baila el joropo”), pero esa es otra música, distinta al joropo de los llanos colombo-venezolanos.

En los años 50 Venezuela consolidó un sistema de carreteras y de políticas públicas que incrementó el impulso económico e institucional de la Región Llanos. Es válido afirmar que para la Nación y el Estado de Venezuela su región llanera ha contado con una importancia mucho mayor que la correspondiente a Arauca desde la visión de la Nación y el Estado colombianos. El embrujo y la magia despertados en Venezuela por su CAA, ascendió con el aparecimiento de Doña Bárbara y Cantaclaro, dos obras capitales de Rómulo Gallegos de los años 30 del siglo pasado. Estas obras incrementaron el halo de misterio, embrujo y leyenda de siempre. En este Cajón se filmaron películas mejicanas como “Alma llanera” con Tony Aguilar, Flor Silvestre y Juan Vicente Torrealba; “Martín Santos”, con Miguel Aceves Mejía y Adilia Castillo; y “Séptimo Paralelo”, un documental con Enrique Guzmán filmado en La Trinidad de Arauca, el hato del eminente poeta José Natalio Estrada.

En Colombia, Arauca sólo aparece como entidad geográfica interesante en 1985 con el descubrimiento del gigantesco yacimiento petrolífero de Caño Limón. Gracias a este, que ha arrojado ganancias por cien billones de dólares, se construyeron carreteras e infraestructura material en general, además de bases institucionales aceptables [2]. El proceso de articulación al mercado nacional aún se halla en un nivel joven. La vorágine de 1924, que podría haber cumplido papel similar al logrado por Gallegos, se desarrolla más en Casanare que en Arauca y tiene más un carácter de denuncia que de embelezamiento con la rústica naturaleza.  De otra parte, la música y en general las actividades artísticas se han sucedido en Arauca de manera solitaria, sin apoyo estatal. En 1958 Roquin Films de Colombia, empresa del bogotano Rodrigo Quintero, filmó la película “Carmentea”, que muy pocos vieron por razones atinentes a contradicciones entre sus productores. Sandra Ann, inglesa, y un galán barranquillero, fueron los protagonistas. Miguel A. Martín y Héctor Paúl Vanegas contribuyeron al entrenamiento de los bailarines, uno de los cuales fue el empresario Valois Parales.

La presente pesquisa sobre la fascinación que las dos Araucas provocan entre los compositores y cantantes de ambos países, halló asuntos novedosos. Hasta ahora se han encontrado 436 canciones que se refieren a Arauca. Este número puede superar con facilidad las 500 canciones, las cuales fueron escritas por 180 compositores, 84 venezolanos y 96 colombianos, 164 varones y 16 mujeres, ciento cinco de las cuales llevan la palabra Arauca en el título; las restantes, no. Los mayores aportantes han sido: Francisco Montoya con 18 canciones. Eneas Perdomo 17. Villamil Torres 13. Juan Farfán 12. José Alí Nieves y Gilberto Romero, 10. El Carrao de Palmarito, 9. Reynaldo Armas, 8. Jesús Moreno y Parrique, 7. Augusto Bracca, Antonio Castillo, Luis Lozada “El Cubiro” y Pedro Telmo Ojeda, 6. Fabio Cadena, Jorge Guerrero, Gustavo Mojica, Óscar Quintero, Julio Pantoja y Alfredo Parra, 5. Domingo García, Camilo Guerrero, Jairo Jiménez, Wilson Quenza, Martha Parales, José Romero y William Sarquiz, 4. Freddy Brito, Julio Bruces, Edder Caro, Jesús Centella, Elda Flórez, Jonny “Pocho” Márquez, Miguel Ángel Martín, Jairo Meza, Ramón Ojeda, Dúmar Ortiz, Carlos Rico, Argenis Salazar y Mayra Tovar, 3.

Entre este medio millar de canciones la más difundida en el exterior sin duda ha sido “Alma llanera”.  Escrita por Rafael Coronado Bolívar y Pedro Elías Gutiérrez, fue estrenada el 19 de septiembre de 1914 en el teatro Caracas, como parte de una zarzuela. En un siglo de existencia ha sido interpretada por los más reconocidos cantantes hispanoamericanos: Jorge Negrete, Pedro Infante, Pedro Vargas, Tony Aguilar, Libertad Lamarque, Vicente Fernández, Juan Gabriel, Plácido Domingo, Pedrito Fernández, Gloria Stefan, Demetrio González, Alejandro Fernández, Rafael, Julio Iglesias, Antonio Prieto, Simón Díaz, José Luis Rodríguez “El Puma”, Alfredo Sadel, Reynaldo Armas, Ricardo Montaner, Rafael Montaño, Juan Diego Flórez, Hugo Avendaño, Carlos Julio Ramírez, Oscar de León, Rafael Brito, Xiomara Alfaro, Hernán Quintero, Amín Castellanos, Mayra Castellanos, Adri Lobo, John Onofre y Lupita Villa. Estos intérpretes son oriundos de México, España, Perú, Chile, Costa Rica, Venezuela, Cuba, Argentina y Colombia. Súmese a ello las bellísimas versiones de Frank Pourcel y Ray Coniff. Asimismo, las recientes interpretaciones de orquestas japonesas, israelíes y españolas. Tal vez las mejores versiones son las de Carlos Julio Ramírez, Jorge Negrete, Hugo Avendaño y Rafael Montaño.

Le siguen en reconocimiento canciones como “Madrugada llanera”, de Juan Vicente Torrealba, cantada por Mario Suárez, Marco Antonio Muñiz, Alfredo Sadel, Simón Díaz, Claudette García-Peña y Adilia Castillo, entre otros. “Cajón de Arauca Apureño”, del poeta Julio Cesar Sánchez Olivo, que data de 1936 y fue grabada primero por el talentoso Ángel Custodio Loyola; “Ansiedad”, que escribió el venezolano Chelique Sarabia e inmortalizó Alfredo Sadel; “Caballo viejo” de Simón Díaz, e “Ingrato corazón” de Isabelita Aparicio. Estas tres últimas, de los años 50 y 60, fueron||0 interpretadas por todos los grandes de Venezuela.

En conclusión, existe una Arauca grande, conformada por dos subregiones colombo-venezolanas que comparten numerosas afinidades culturales, geográficas, económicas y políticas, el Cajón de Arauca Apureño y el Departamento de Arauca, unidas por un río sereno y bravío, cuyo embrujo ha llevado a los compositores, cantantes y canta-autores llaneros a rendirse resignados y felices ante su sublime misterio. La mayor expresión de tal enamoramiento es la existencia de casi 500 canciones que exaltan su belleza, su encanto, su magia y su unicidad.

(*) Sociólogo araucano.

 

Referencias

[1] Escrito provisional, en proceso de elaboración, del sociólogo araucano Leonel Pérez Bareño, junio 2017.

[2] La riqueza derivada de la bonanza petrolífera araucana fue distribuida, grosso modo, así: 40 billones para las multinacionales, 40 para la Nación Colombiana, 10 billones para el Departamento de Arauca y 10 billones para otras entidades (como el Fondo Nacional de Regalías, ya desaparecido).

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