Vía al llano, destino turístico

|   Opinión

La Tabla, por: Néstor Restrepo Roldán (*)

 

Siendo secretario de la señora, Maruja Hernández de Gil (Mayuya), quien en 1970 era la directora departamental de Turismo, el 27 de enero de ese año escribí mi primera carta al Ministerio de Obras Públicas con copia al presidente, Misael Pastrana, reclamando mantenimiento y pavimentación a la vía que nos unía con la capital de la República y por ende, con el resto del país.

Luego como director Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Villavicencio, 84 fueron los oficios dirigidos, solicitando la atención debida a la misma vía, porque los derrumbes y accidentes eran a diario y en diferentes sectores.

El 9 de septiembre de 1991 un fuerte aguacero se llevó el puente de Chirajara, y ocasionó 19 derrumbes entre Servitá y Guayabetal, que nos dejaron incomunicados durante 36 días. Ya en esa época, como miembro de la junta directiva de la corporación Llanos de Colombia y con la colaboración de Aristóbulo Cortés, administrador de Semillano, logramos que Humberto de la Calle, nos asignara una cita para conversar sobre el tema con el presidente, César Gaviria y fue así como el 2 de octubre le ordenó a su ministro de Obras, Juan Gómez Martínez, “el diseño de una solución definitiva de la carretera al menor riesgo y sin restricción de costo”.

El Gobierno Nacional y el Congreso de la República expresaron su indeclinable voluntad política de construir la nueva vía, la cual desde 1975 estaba contenida en la Ley 9 de la que Hernando Durán Dussán fue su autor y en la que se  ofrecía un mil millones de pesos para ello.

Cuando se concretó el contrato de concesión N° 444 de 1994, presentado por el senador, Elías Matus Torres, de no haber sido por esa herramienta jurídica, jamás hubiera sido una realidad para los llaneros, ante la penuria que aqueja siempre el tesoro nacional y la falta de la necesaria voluntad política del Estado colombiano para mirar hacia los vastos espacios geográficos de la Orinoquia, frente a los cuales ha estado de espaldas y únicamente ha concentrado sus recursos en el desarrollo de las laderas andinas.

A comienzo de 1995 se inician los trabajos de la nueva vía y un lamentable atraso por desacuerdos entre Invías y Coviandes y el retiro de la empresa brasilera Andrade Gutiérrez, obligaron la suspensión de los mismos y en agosto de 1997 se reinician, pero en diciembre del mismo año, el consorcio Recchi y Grandi Lavori decidió no terminar con los trabajos por problemas geotécnicos.

En marzo de 1998 el director de Invías, Guillermo Gaviria Correa determinó entregar a Conconcreto S. A. el contrato para finalizar el túnel de Buenavista.

El 1 de agosto de 2002, el presidente, Pastrana Arango inauguró las obras en medio de un fuerte altercado con el gobernador de Meta, Luis Carlos Torres, porque el servicio de ellas solo entraría en funcionamiento a plenitud y sin restricciones hasta los meses de septiembre u octubre, en la Presidencia de Álvaro Uribe.

Esa maravillosa obra, la cual aún continúa inconclusa y presentando graves problemas, ahora en el kilómetro 64, obliga que en este sitio se construya otro túnel falso, de las mismas condiciones de los 3 existentes.

Sus obras de excelente ingeniería ofrecen la oportunidad para que tanto propios como extraños, la consideren como majestuosa, por ser “una carretera escénica, única en el mundo", como lo anotó el 26 de julio pasado en el Primer Congreso Internacional de Destinos Emergentes, al que asistieron 22 representaciones extranjeras, y el presidente de la Confederación de Organizaciones Turísticas de América Latina (COTAL), gurú del turismo mejicano, Armando Bojórquez Patrón.

Desde 1936 cuando se abrió en el primer mandato de Alfonso López Pumarejo, tanta lucha, tanto esfuerzo, tantos inconvenientes, tantas muertes diarias como las sucedidas en Quebradablanca ese 28 de junio de 1974, y hoy se promueve esta vía como destino turístico nacional.

Gracias virgen de Chirajara, de no haber sido por su ayuda ocasionando esa tragedia, no hubiese  sido esto posible, y gracias desde entonces a los llaneros, quienes hemos sido los que la hemos pagado, ya que el Gobierno Nacional no ha querido aún meterse la mano al bolsillo para hacer que el llano se desarrolle como se lo merece. Su comportamiento, el de todos los mandatarios, le ha ocasionado una hemiplejía al progreso de toda una Nación.

81 años no son nada en el país del cinismo.

(*) Dirigente cívico. Presidente ejecutivo del Comité Cívico de Villavicencio.

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