¿Qué hacer?

|   Opinión

Por: Eudoro Álvarez Cohecha (*)

 

Diariamente cada noticia nos deja más consternados. Escándalo en Saludcoop, se perdió la plata de Agro Ingreso Seguro (AIS) y Uribe viaja a EE. UU. a defender al delincuente; se vendió tramposamente Isagen, en Reficar se esfumaron más de 4 mil millones de dólares; El ex viceministro de Transporte de Uribe, recibió más de 4 millones de dólares de Odebrecht, compañía extranjera para cuyo socio colombiano trabajó el fiscal General de la Nación.

El senador, Otto Bula, del partido Liberal, repartió los sobornos de Odebrecht a las campañas de Santos-Vargas Lleras y Zuluaga-Holmes; presos los senadores más votados de La U: Ñoño Elías y Musa Besaile; El senador Ashton, del partido Liberal compró un fallo de la corte, otro, de Cambio Radical, sucreño,  resultó investigado por sobornos de la ruta del Sol; el Banagrario le presta y se embolatan 120 mil millones a Navelena, mientras para los agricultores no hay recursos.

2 ex ministras de Santos implicadas en la asignación irregular de la carretera Ocaña – Gamarra; el presidente del partido Conservador hizo engavetar una investigación por parapolítica más de 6 años, y todo parece indicar que se valió de los oficios de que más tarde sería fiscal Anticorrupción.

El expresidente de la Corte Suprema de Justicia va a la Picota por pertenecer a una organización que vendía fallos judiciales; El fiscal Anticorrupción es apresado por corrupto, y participar en la organización del “cartel de las togas”.

4 funcionarios de Alan Jara son encarcelados por la desaparición de los dineros de la refinería que resultó siendo un fantasma; el principal contratista de las Administraciones de Alan Jara (2012 – 2015) y Marcela Amaya (2016 – 2019), resulta investigado por la excesiva concentración de los contratos durante esos gobiernos; el rector de la Unillanos lo sigue siendo mientras es investigado por la Fiscalía, y somete a interinidad paralizante al alma mater llanera.

No paramos de recibir este tipo de mensajes, al punto que si durante las 5 anteriores elecciones Presidenciales se votó por la paz o por la guerra, en la de 2018 vamos a tener que votar por la ética o la inmoralidad, y no es para menos: si el presupuesto nacional es de algo más de 200 billones de pesos y se pierden 50 por este tipo de actos de corrupción, hay un sistema corrupto y no se trata de algunas manzanas podridas, como tratan de explicar distinguidos dirigentes del estado colombiano.

Ya Kant, el respetado filósofo alemán, sin conocer Colombia afirmaba: “A este mundo inmoral nos ha llevado la hegemonía de la economía por encima de la política, y la maquiavélica desvinculación de la política respecto de la ética”.

Cuando “el fin justifica los medios”, todo vale y entonces se dan con una frecuencia inusitada los hechos, que hoy causan repulsa en cada vez más numerosos sectores de nuestra sociedad. Esta base conceptual es la que ha conducido a prácticas como el clientelismo, que no se ha dado por generación espontánea sino es la resultante en la que en Colombia se trampea para ser elegido, “invirtiendo” para lograrlo y luego se llega recuperar lo invertido, mientras al gobernar, se lo hace en contra de la población, comprada por quienes han hecho la inversión.

El maestro, Carlos Gaviria, lo ilustraba con un pertinente aforismo: “El que paga para llegar, cuando llega debe ponerse a robar”.

Hasta el papa Francisco, tan asertivo en su visita a Colombia, indicó: “A quien le guste el dinero, no se meta a hacer política, dedíquese a trabajar para lograrlo”, y apuntaló: “El diablo entra por los bolsillos”.

La alerta es pertinente y oportuna: los mismos con las mismas, incluido nuestro departamento, iniciaron campaña electoral, con los mismos argumentos, seguramente para intentar perpetuarse en los cargos y en las prácticas que nos tienen en el fangal donde estamos.

¿Qué hacer? Ya lo viene señalando el senador Robledo cuando reiteradamente ha dicho “las sociedades cambian cuando los pueblos cambian y deciden cambiar a sus dirigentes”. No hay otra forma y menos cuando los ladrones, para cubrirse, gritan con mucha amplificación: Cójanlo… cójanlo… mientras socarronamente se embolsan el producto de sus raponazos.

(*) Dirigente agropecuario.

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