Tras las huellas de Macosta

|   Opinión

Por: Sérvulo Velásquez (*)

 

Desde hace unos 25 años ando tras el rastro humano –vital y artístico- del maestro, Manuel Acosta, escultor autodidacta, conocido a escala regional, nacional e internacional, quien el pasado 5 de abril cumplió 84 años de longevidad y lucidez.

Seguir sus huellas indelebles ya talladas en el tiempo y el espacio, acompañado por él, además, es así mismo rastrear el vuelo de sus garzas hacia el infinito. Fue lo que hicimos el pasado 19 de julio, Natalia Velásquez Díazgranados, diseñadora gráfica, y yo, en una especie de ‘city tour’ artístico por Villavicencio, guiados por Macosta.

La ruta llena de sorpresas inició en la Universidad de los Llanos, ‘campus’ Barcelona, en donde se exhibe uno de los monumentos más antiguos y representativos del escultor sanjuanitero: su Corocora, que data del año 1995. 

Surgió gracias a los auspicios de algunos académicos y profesores, con ocasión de la reforma académica adelantada en aquellos tiempos por la institución; el maestro hace énfasis en el apoyo de los docentes, porque a rectores y personal administrativo, su obra “les ha importado un carajo” y lo dice sin resentimientos, pero también sin ambages.

Frente a la escultura, Manuel nos contó que le puso por nombre “Hacia nuevos horizontes”, queriendo simbolizar con él, y mediante la alegoría de la garza que levanta el vuelo de las páginas de un libro, la conquista de nuevos conocimientos.

Nos contó también las vicisitudes de la corocora, abandonada mucho tiempo en un taller de la universidad, hasta que por las épocas de la apertura de la sede San Antonio, en El Barzal, el rector de esos días decidió rescatarla para exhibirla por las calles de la ciudad, y luego dejarla “tirada” en ese lugar.

Nuevas gestiones del escultor y sus amigos lograron que la obra retornara, mucho tiempo después, a su sitio, la sede en Barcelona de la universidad, no sin antes pagar nueva cuota a la  adversidad: otra larga reclusión en el taller donde empezó a  tratar de alzar el vuelo, a pesar de la negligencia de la burocracia universitaria y su casi generalizado menosprecio del arte y la cultura.

Y ahí está, el inmenso pájaro -símbolo de Unillanos como se sabe- herido por los rigores de la intemperie y el abandono oficial,  en lamentable estado de deterioro, sin siquiera una inscripción que honre el nombre de su creador, y borrado completamente su título original, como si los nuevos horizontes del conocimiento ya no importaran, y velar por la conservación y difusión del patrimonio cultural no constituyera un deber irrenunciable de la academia.

Como dijo Macosta, con su habitual modestia, la obra “pide reparación y retoque”. Y de parte de toda la comunidad universitaria, académica y administrativa, añado yo, reconocimiento de las manifestaciones artísticas y coherencia con el principio fundamental de la universalidad del conocimiento.

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Tras nuestro viaje a la Unillanos, y por sugerencia del maestro, fuimos al edificio de la Gobernación de Meta, con el propósito de visitar su monumento Cenit del Llano, erigido allí en 1983, pero en la Recepción se nos dijo que era necesaria previa autorización, así que nos registramos y esperamos pacientemente.

Transcurridos algunos minutos la funcionaria que nos atendió nos manifestó que a esa hora (11:00 am) no era posible nuestro acceso, porque el monumento estaba localizado justo en el despacho de la gobernadora, en el séptimo piso, y en ese momento había una reunión, que entonces volviéramos a las 2:30 pm.

Seguimos nuestro recorrido tras las pistas de las andanzas artísticas de Manuel, y cuando estábamos observando el monumento Cenit del Llano, ubicado en la rotonda del cruce de las vías a Bogotá y Acacías, recibimos una llamada telefónica de la mencionada funcionaria, en la que nos expresó que tampoco en la tarde podríamos realizar nuestra visita, por hallarse el recinto ocupado nuevamente, y que habían designado a alguien de la Secretaría de Prensa de la gobernación para que nos suministrara la información que buscábamos.

En efecto, minutos después, recibimos una nueva llamada, esta vez de la persona encargada de atendernos, quien nos reiteró la imposibilidad de la visita, pero que por su conducto -nos dijo- obtendríamos fotografías e información sobre la obra, cosa que sucedió 4 días después, al menos en cuanto a las fotos, denominadas “Réplicas del Cenit”.

Tuvimos que anotar en nuestro diario de campo que al maestro, Manuel Acosta, distinguido en 1994 con el Centauro de Plata de la Gobernación de Meta, le negaron la autorización para visitar su propia obra en compañía de sus amigos, interesados en rescatarla del olvido. ¡Qué ironía! por decir lo menos.

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En la parada del Cenit del Llano nos fue mejor que en las 2 anteriores. Lo primero que observamos fue que la rotonda, que en adelante llevará el nombre del monumento, está en proceso de restauración, con el patrocinio de Bioagrícola, según nos comentó el arquitecto, Edgar Pardo Herrera, asesor de paisajismo. Se ha previsto la siembra de un pino ciprés, palmas y plantas de jardín como veraneras, isoras, durantas y gingers, entre otras, propias de la región y por lo tanto resistentes al clima. Esta escultura también “pide reparación y retoque”.

De acuerdo con Acosta, la obra se comenzó a finales del año 2007, gracias al apoyo de Néstor Restrepo Roldán, por esa época director de la Corporación Cultural del Municipio de Villavicencio (Corcumvi), quien intervino ante el alcalde para su financiación, y tras muchos ires y venires burocráticos, se inauguró en abril de 2008, 3 años después de haber realizado un gran monumento en Alemania, hecho que adujo el autor para que la Administración aprobara el proyecto.

La escultura, otra vez la emblemática garza o corocora, quiere connotar en primer lugar, por sus dimensiones, la inmensidad del Llano. De otra parte, mirada de frente, representa una lira; de lado, el pie de una bailarina y por atrás alas y cuerpo, una res.

Música, danza y ganadería, como motivos esenciales de la cultura llanera, que Macosta encarna y enaltece como pocos en la ciudad.

(*) Taller de Escritores de Entreletras.

Corocora en la Universidad de los Llanos.
Cenit del Llano en la Gobernación de Meta.
Cenit del Llano en la prolongación de la 40.

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