Timoteo

|   Opinion

Por: Eudoro Álvarez Cohecha (*)

 

Una helada ocasionó, en 1979, que don Saúl Romero y doña María Agripina cambiaran de residencia y vendieran tienda,  y tierra en donde cultivaban papa, en el oriente cundinamarqués, en el único municipio liberal de la muy conservadora provincia de oriente de este departamento y escogieran probar fortuna, con toda su prole, en el Ariari, en Granada, en donde cambió su tierra en Une por la correspondiente, aumentada, y un “trasmemato”.

Junto con él arribó, siendo apenas un niño, Timoteo, uno de sus hijos, quien llegó a culminar su primaria en la escuela Montoya Pava; continuó bachillerato en el Camilo Torres, para luego trasladarse al María Auxiliadora, normal formadora de maestros, regentada por monjas afines a los sacerdotes salesianos, comunidad encargada por los poderes vaticanos de realizar la evangelización de los entonces olvidados hombres y mujeres, quienes transformaron el antiguo Bocademonte en la próspera Granada de nuestros días.

Cuando Belisario Betancourt anunció la intención de acabar con las Normales, Timoteo ya era estudiante de décimo grado y motivado por uno de los “descalzos” que el MOIR había desplazado por ciudades intermedias y veredas de Colombia a fin de extender su política, se organizó una protesta de docentes y estudiantes para atajar la medida, logro alcanzado.

Uno de los estudiantes que copió el llamado y escuchó la teoría renovadora y convocante de la transformación del país, mediante la lucha de masas y la protesta civilizada fue Timoteo, en momentos en que la izquierda excomulgaba a quienes no estuvieran de acuerdo con la táctica guerrillera como forma principal de acceder al poder a fin de cambiar el estado lamentable de la mayoría de los colombianos.

Las monjitas detectaron que un grupo de sus estudiantes, entre los que descollaba Timoteo más como líder cultural y deportivo, se había sumado a la naciente organización juvenil de la nueva corriente política, y hasta confeccionaron una lista negra en la que Timoteo quedaba vetado para ingresar en cualquier Normal de las que entonces funcionaban en Colombia.

Esto originó la que sería la primera acción, con toma de rectoría incluida, en la que Timoteo se bautizara como dirigente social, que culminó con victoria al obligar a la madre rectora a firmar acta de revocatoria del veto.

Recibido con condiciones por el profesor Hinestroza, entonces rector de la Normal de Villavicencio y con el apoyo de Saúl, el mayorazga de la familia, logra culminar sus estudios secundarios; cuando llegó el momento de decir las acostumbradas palabras del egresado en su promoción, hubo Timoteo de entrenar sus nacientes cualidades de luchador social y de negociador nato, para imponer al rector el derecho, otorgado por sus condiscípulos, a pronunciar el consabido discurso de egresado en la ceremonia de grado como maestro.

Por recomendación del dirigente obrero “Bigotes” Murcia, líder conservador, siendo Narciso Matus, gobernador del Meta (1982 – 1983), obtuvo su trabajo como maestro, luego de ser jardinero en ICBF y de realizar licencias en lugares de su patria chica adoptiva, inicio su carrera como docente en la vereda La Cumbre, en Villavicencio, cercana a Guayabetal, de donde se le trasladó a diferentes veredas de la cordillera villavicense hasta llegar al colegio Antony Aphis, en barrio obrero de San Benito.

Ya como maestro y afiliado a la Asociación de Educadores del Meta (ADEM) y al MOIR, optó como frente de lucha la seccional de la Central Unitaria de Trabajadores regional, por entonces premio de consolación para los aspirantes a dirigir la organización de los maestros.

Es en la realización de esa tarea en donde Timoteo mostró el significado de construir sociedad, y luego de 15 años de desempeño en la regional de la central sindical más importante de Colombia, la transformó en una pujante organización que agrupa 55 sindicatos locales y seccionales de las organizaciones nacionales, en que están agrupados los trabajadores que a pesar de las trabas del todos los gobiernos han logrado mantener sus organizaciones sindicales.

Bajo la orientación de Timoteo, la CUT se convirtió en baluarte de apoyo a luchas no solo sindical sino social y popular, que han permitido que la organización de los trabajadores coadyuve y lidere causas que no solo interesan a sus afiliados sino a la población en general.

La táctica de Timoteo, de la cual ha devenido su liderazgo sindical y popular ha sido sencilla, acompañar las luchas de sus compañeros de actividad sindical y asesorarlos y dirigirlos y ser duro con los argumentos y respetuoso con las personas, de tal manera que no hay protesta sindical y popular en la que Timoteo -megáfono al hombro-, esté animando y acompañando cuanta lucha de trabajadores y de  la ciudadanía no haya estado este luchador social al frente o acompañando reivindicaciones de las gentes de abajo.

Con estos logros regionales, sus camaradas, decidieron proponerle un nuevo reto: saltar al escenario nacional y lanzar su candidatura para integrar la dirección nacional de la máxima organización nacional de los trabajadores colombianos, y atendiendo este reto se movió buscando respaldos en diez departamentos, contando con que en el Meta su trabajo fructificaría, como en efecto ocurrió el pasado 21 de septiembre.

En las elecciones nacionales resultó elegido con la 15ª. votación que le permite acceder a la dirección nacional de la CUT, desde donde seguramente continuará atendiendo reclamos y luchas de colombianos que recibirán el beneficio de un compromiso con los afligidos y marginados del progreso, quienes tendrán  en Timoteo Romero Morales un dirigente de los necesarios para transformar Colombia en el país que muchos anhelamos, pero para sus compañeros seguirá siendo simplemente el compa Timo.

(*) Dirigente agropecuario.

Niños aprenden música en Meta gracias a Ecopetrol