Héroes sin charreteras I: José Antonio Galán

|   Opinion

Por: Sérvulo Velásquez (*)

 

En el santoral de los héroes colombianos —como  se dice— ni son todos los que están, ni están todos los que son. Bueno es recordarlo ahora que el país se apresta a celebrar con bombos y platillos el Bicentenario de la Independencia  (Inicios del año 2010). De pronto un honrado ejercicio de recuperación de la memoria histórica obligue a bajar de su pedestal a algunos y a subir a otros.

Para comenzar, no se entiende cómo se omite mencionar en los festejos oficiales la rebelión de los comuneros, un precedente histórico importante de nuestra guerra revolucionaria de Independencia, del que se hace caso omiso por acción o por omisión.

El olvido de José Antonio Galán es un episodio más de nuestra “Patria Boba” experta en otorgar charreteras inmerecidas y en desconocer verdaderos méritos; y no del todo casual —además— como trataré de demostrar en seguida.

Casi ignorada por la crónica de los vencedores, su figura heroica se destaca y acrecienta en la crónica de los vencidos, a medida que se ahonda en el auténtico sentido de los acontecimientos de marzo de 1781 en El  Socorro, los que gracias a la acción de Galán y sus compañeros rebasaron los propósitos iniciales de rebaja de algunos impuestos y eliminación de otros, con la consigna “Unión de los oprimidos contra los opresores”.

Fue así como en su marcha hacia Santa Fe de Bogotá, los comuneros que llegaron a alcanzar el número de 20.000, compuesto por criollos, indígenas, mestizos, negros, labriegos, mineros artesanos y arrieros, exigieron además la devolución de las minas de sal a los indígenas y de los resguardos expropiados, amén del otorgamiento de cargos burocráticos a los criollos, y el no pago de los servicios religiosos.

La firma de las Capitulaciones en Zipaquirá, por parte del arzobispo Caballero y Góngora en representación del virrey, Manuel Antonio Flórez, y Juan Francisco Berbeo y Salvador Plata, por  parte de los criollos, para impedir el avance de los comuneros a la capital, la negativa de Galán a caer en la trampa, y la traición posterior advertida por éste, son hechos que habrían de repetirse luego en la historia de Colombia.

Mientras José Antonio Galán, Isidro Molina, Lorenzo Alcantuz y Manuel Ortiz terminaron siendo delatados por sus antiguos compañeros, fusilados y descuartizados, para escarmiento de americanos proclives a la insurrección; Caballero y Góngora llegó a ser Virrey; Berbeo y los otros criollos dirigentes del movimiento, indultados, se murieron de viejos tras haber usufructuado sus negocios y los cargos públicos que tanto apetecían.

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