Héroes sin charreteras III: Los llaneros de la Campaña Libertadora

|   Opinion

Por: Sérvulo Velásquez (*)

 

Centauros indomables: Con tal nombre se conoce a partir de la invención del himno nacional a los soldados llaneros -venezolanos, araucanos y casanareños- que lucharon a órdenes de Bolívar y Santander, descalzos, pobremente vestidos y mal alimentados, en la guerra de Independencia de 1819, durante aquellos 72 días que van desde la  aldea de los Setenta (21 de mayo) hasta la Batalla del Puente de  Boyacá (7 de agosto).

Fue una verdadera  hazaña de estrategia militar y de valor humano, transmontar con un ejército de calentanos en tales condiciones, el páramo de Pisba en plena temporada de lluvias, para liberar a la Nueva Granada del dominio español.

Por estos días leí Diario de la Independencia, del periodista, Héctor Muñoz. Libro apasionante de hace 50 años en el que se narran, día a día, los hechos de la campaña de Boyacá, y se vuelve a transitar esa gélida ruta sembrada de cadáveres.

Constato cómo hombro a hombro con los hombres iban las mujeres, desempeñando humildes oficios de compañeras, cocineras y enfermeras, cuando no de dirigentes. En su memoria quisiera mencionar apenas dos: una anónima y olvidada, conocida la otra, pero ambas emblemáticas de la evidencia de que la Independencia no fue solo asunto de hombres.

A comienzos de julio, en el trayecto de Pisba a Puebloviejo, la mujer de un soldado del Batallón Rifles dio a luz un niño, atendida por los guerreros. A fines del mismo mes, fue fusilada por los españoles, en El Socorro: Antonia Santos Plata, acusada de haber organizado y financiado la guerrilla de Coromoro.

La primera Independencia fue además asunto de colombianos y venezolanos, unidos bajo las banderas victoriosas de Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander, José Antonio Páez, Juan José Rondón, José Antonio Anzoátegui, Juan Nepomuceno Moreno, y tantos otros jefes de lado y lado de la frontera entre pueblos hermanos, pese a los intentos de algunos por separarnos y enfrentarnos en absurdas e inadmisibles contiendas fratricidas.

En honor a la verdad, cabría mencionar como se ha hecho muchas veces, que tantos esfuerzos, sacrificios, aportes y méritos de los llaneros en aras de la libertad, no han sido correspondidos justamente durante estos 200 años de vida Republicana, más allá del lirismo del himno nacional: olvido, abandono, atraso, centralismo, pobreza y exclusión han sido las monedas de pago.

También por estos mismos días cayó en mis manos un ensayo de la profesora, Jane Rausch: La doma de un caudillo colombiano: Juan Nepomuceno Moreno, de Casanare, en el que cuenta el frustrado intento de rebelión hacia mayo de 1831, del antiguo coronel, jefe de la caballería de Casanare, ante la subordinación de los Llanos a la región montañosa y a un sistema político de caudillos civiles.

Claro está que la solución no son los caudillos militares; sin embargo, se me ocurre que el caso del casanareño, guardadas las debidas proporciones, inaugura la trágica historia de nuestros centauros domados.

(*) Pedagogo.

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