Hablando mierda

|   Opinion

Por: Jaime Eduardo Espinel Riveros (*)

 

En mi larga vida de burócrata he tenido sobrada experiencia en reuniones de todo tipo, tamaño y tema. Existen reuniones estructuradas donde se sienta el mandamás (gerente u otra cosa) a dirigir una reunión.

En estas se habla de pérdidas y ganancias, de los empleados que trabajan o no trabajan, soluciones pre establecidas, sobre problemas pre hechos; son reuniones que tienen su función y que sirven para establecer rutas a corto, mediano y largo plazo. El ambiente generalmente es tenso y todo el mundo está a la defensiva.

También hay las reuniones donde se habla mierda, estas se dan dentro y fuera del trabajo y pueden ser entre amigos tomándose un trago, en una cafetería, con el embolador o la peluquera, etc. etc. Todo el mundo está distensionado, se pasa de uno a otro tema sin ningún esfuerzo, se suelta la risa con el menor pretexto y todo el mundo la pasa rico. No hay estructuras, ni verdades ni mentiras, ni reclamos, ni jerarquías.

En las oficinas este tipo de reuniones tienen lugar en los corredores, en la cafetería y de acuerdo con mi experiencia allí encontré la máxima creatividad para solucionar problemas. Las personas cuando están en ese ambiente sienten la libertad de decir lo que quieren, sin que lo absurdo, lo estúpido, o lo importante sean juzgados y encontré que los problemas difíciles de la empresa, los caminos que parecían cerrados, se abrían con la creatividad que da la espontaneidad, es decir, hablar sobre lo primero que se le venga a uno a la cabeza, siendo consciente de que, en este ambiente, nadie está en posición de criticar o de juzgar.

Gracias a esas conversaciones llegaba a mi oficina con planteamientos originales, que abrían caminos hacia soluciones que parecían imposibles.

Este espíritu también se da fuera del trabajo con los amigos, con los conocidos o con desconocidos, donde uno se sienta física y exclusivamente a hacer nada, hablando mierda; refrescando el pensamiento, el alma y el chiste; la informalidad se extiende como un bálsamo por todo el correr de ese día. Se da en las parejas cuando se siente la libertad en ese diálogo, de hablar mal o bien de la familia, de los amigos, de los hijos, según el caso, pero teniendo la seguridad que de ahí no va a pasar.

Entonces mi recomendación basada en la experiencia es que hablando mierda se dan situaciones de creatividad, de placer y de amistad, que no sería posible en una reunión con estructura, objetivos y actas.

Hagan el ensayo, reflexionen cuando estén en esta situación y me cuentan si lo que les planteo en esta columna es verdad.

(*) Especialista en oficios varios.

Ecopetrol apoyó en Villavicencio la Semana sobre el Cambio Climático

Villavicencio: Pilas con el trago adulterado