Los muertos, los vivos y nosotros

|   Opinion

Por: Jaime Eduardo Espinel Riveros (*)

 

En el tarot de Rider Waite la carta de la muerte significa transformación y renovación, perder cosas valiosas que nos impiden avanzar, pero no hay nada que indique que algo termina definitivamente, sino más bien que  a través de un cambio profundo hay una renovación.

Mencionó el tarot porque es el resumen de lo que las religiones piensan y creen en relación con el más allá; en la cristiandad es un paso cualitativo hacia una realidad inimaginablemente mejor, eso es si morimos en estado de gracia, en la reencarnación es apenas un estado de descanso, de reflexión y de análisis que le permite al alma definir qué elementos tiene que mejorar en la próxima vida para eventualmente llegar a una unión con Dios.

Entonces, para los muertos los vivos y nosotros siempre existimos entre una transición de algo a algo y un paso más hacia delante para llegar a la pureza necesaria para alcanzar algo mejor.

Estar vivo también quiere decir gozar el momento actual, saborear un trago de ron, un buen baile con una buena pareja, disfrutar un paisaje de tranquilidad, atardecer y descanso, saber que los problemas y los sufrimientos pasan como pasa todo y que al otro lado debemos estar nosotros en persona dándonos un abrazo como un premio por estar vivos, pero siempre en el proceso de morir.

Entonces, el secreto es tomar las cosas con calma, ver el mundo con ojos del tiempo que pasa, caminar siempre pensando que simultáneamente todo se acaba y todo queda y todo sirve como un trampolín que nos lleva a querer devolvernos cuando estamos en plena caída.

La vida en la rutina diaria siempre nos da cosas sencillas, que por su misma naturaleza no apreciamos, un buen estofado de carne a la hora del almuerzo, un vino con alguien que responde con una risa, el caminar bajo un árbol que regala su frescura, el trino de un pájaro que saluda a un amigo, y el abrazo de un niño.

A lo largo y a lo ancho de la vida descubrimos que esto es lo importante, pero es importante solo y únicamente cuando entendemos que allí recibe el verdadero placer y el verdadero goce.

A lo largo de los años vamos descubriendo que cada edad tiene sus canciones y sus sufrimientos y que los problemas pasan y solo se pierden si no aprendemos algo de ellos, que vamos construyendo el camino y marcando el paso con el recuerdo, para que al final cuando se baje la cortina solo escuchemos los aplausos que nos hemos ganado.

(*) Especialista en oficios varios.

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