La gran estafa del alumbrado público

|   Opinion

Por: David Mora (*)

 

La Alcaldía de Villavicencio, en cabeza del alcalde, Wilmar Barbosa, cocina la entrega más descarada de la historia de la ciudad, de un rentable negocio público a un magnate privado.

El 29 de noviembre de 2018 el alcalde con las mayorías del Concejo Municipal (Felipe Harman, del Polo Democrático, votó negativo y Héctor Cuellar, de Ciudadanos por el Meta, se retiró del recinto) aprobaron la privatización innecesaria e irregular del 49% del alumbrado público de la ciudad, dándole vida al acuerdo 368 de 2018 que faculta al alcalde para “crear una empresa de servicios públicos mixta y se dictan otras disposiciones”, reza la aberración.

El 6 de diciembre de 2018 en la columna titulada, El peor negocio de la historia para Villavicencio[Vea el texto acá], di a conocer a detalle varias irregularidades y mentiras sobre las que se soportó la privatización del alumbrado público. Entre estas se destaca, crear una necesidad ficticia para justificar la privatización, “modernizar en 7 meses del alumbrado público de la ciudad”, cuando la alcaldía sabe que el contrato de concesión 477 de 1998 de Iluminación Villavicencio que es propiedad de William Vélez, obliga a entregar modernizado el alumbrado de la ciudad tras haber finalizado la concesión como indica el numeral 18 de la cláusula segunda del contrato y lo ratifican dos actas aclaratorias, todo fielmente documentado.

La consabida relación estrecha del asesor legal de la Consultoría AP, Armando Gutiérrez Castro, como trabajador de William Vélez. Las cifras subestimadas para justificar la entrega del 49% de un negocio superior a un billón de pesos en 20 años sobre la base de una inversión privada de $52.000 millones ¡a modo de préstamo! para hacer lo que debe cumplir Iluminación Villavicencio, “modernizar el alumbrado”.

Durante la aprobación del acuerdo se escucharon voces - por parte del concejo y la alcaldía - que llamaban a la tranquilidad, indicando que la empresa mixta, al tener el 51% de las acciones en propiedad de la Administración Municipal y el 49% en propiedad del privado, iba a ser manejada y controlada por la ciudad; tal cual lo demuestran las sesiones grabadas y las actas ordinarias del concejo municipal durante el debate de la privatización. Es decir, entregaban el 49% del negocio, pero no el control de la empresa.

Pues bien, ni esto se cumplió, ya que la alcaldía abrió invitación pública para crear la empresa mixta, y en sus pliegos entrega el control absoluto de la empresa al magnate privado. En la primera publicación de la invitación pública, la alcaldía renunciaba a su mayoría simple en la Asamblea de Accionistas (órgano máximo de decisión) volviendo el 10% de sus acciones, acciones preferenciales sin derecho a voto dejando a la ciudad solo con el 41% mientras el privado quedaba con el 49% de los votos debido a las acciones ordinarias; ante el escándalo que produjo esta entrega descarada, la alcaldía hábilmente eliminó - de la invitación definitiva - las palabras “acciones preferenciales”, pero dejó abierta la puerta, al indicar que “las acciones de la sociedad a que hace referencia el artículo 6 serán de dos clases” y solo menciona una clase, las acciones ordinarias, así que insiste en renunciar a la mayoría simple, tratan a los ciudadanos como a bobos.

La alcaldía también renuncia a la dirección de la Junta Directiva la cual estará compuesta por cinco miembros, dos del socio público, dos del “socio privado” y el quinto, el decisorio que hace mayoría, “se elegirá de una terna presentada a Asamblea de Accionistas por el socio privado” con el guiño del socio público, una junta de bolsillo privado.

El gerente lo pone la Junta Directiva que es del privado y el revisor fiscal, quien debe garantizar que la plata de nuestro impuesto de alumbrado público no se la roben, “se elegirá de terna presentada a Asamblea de Accionistas por el socio privado”, también de bolsillo privado ¡hágame el favor!

Pero atentos, aquí no para la entrega; ya que la alcaldía indica que ella misma se “abstendrá de interferir en la administración de la empresa”, mientras al magnate privado le entregará las actividades de “administración, operación, mantenimiento” y más, incluso “contratación del personal”. Todo el negocio para el magnate privado con los impuestos públicos de los ciudadanos.

¿Y entonces quién es el magnate privado? Pues el señor William Vélez, el dueño de Iluminación Villavicencio, el patrón de Armando Gutiérrez Castro y el dueño del mega proponente VVC Futura S.A.S compuesta por dos empresas de su propiedad, Megaproyectos de Iluminaciones de Colombia S.A y Eléctricas de Medellín S. A. S. Así las cosas, esto ya no es un mal negocio, es una gran estafa para la ciudad.

Adenda: La Procuraduría debe intervenir tal cual lo solicitó el colectivo de ciudadanos en defensa del alumbrado público, y los senadores, Jorge Robledo y Wilson Arias.

(*) Economista y docente universitario. Twitter: @DavidMora_N

Ecopetrol de película visitó Cubarral

Villavicencio: Pilas con el trago adulterado