El método Harman

|   Opinion

Por: Eudoro Álvarez Cohecha (*)

 

Ante tanto fracaso de las aspiraciones justas de los ciudadanos, al ser representados en las alcaldías, gobernación, concejos y asamblea, el desgano de los electores es justificable; en las campañas electorales se enfrentan partidos y tesis programáticas, generalmente diferentes, por lo menos en el papel y luego de la elección, se conforman mayorías entre los elegidos, en las que lo que se desarrolla legislativamente es contrario a lo de las promesas y compromisos electorales.

Aberrante, además la forma como se consiguen los votos; el constreñimiento por parte de quienes ejercen los cargos ejecutivos, alcaldes y gobernador, hacia el elector que se gana la vida con algún cargo público, es el común denominador, desdibujando la democracia, que se supone es un ejercicio libre y digno.

El engaño y la compra de votos son la práctica corriente; los topes establecidos por el Consejo Nacional Electoral (CNE) son violados a vistas de todo el mundo, y las cuentas entre lo que devengarán y lo gastado genera un pasivo sobre los posibles ingresos de los elegidos, que ha hecho acuñar la frase de que quienes gastan más de lo que van a percibir, seguramente llegan a robar: conclusión razonable.

Apartarse de estas costumbres, y en ligazón con lo prometido llegar a las corporaciones a ejercer control sobre los alcaldes y gobernador, es una especie rara en la política actual. El control político, es una opción constitucional, que omiten la inmensa mayoría de los elegidos a cargos colegiados de representación.

El caso de Felipe Harman, concejal de Villavicencio, es una excepción destacable que da para sustentar el título de este escrito.

Desde el comienzo de su gestión como concejal de Polo Democrático Alternativo, se empeñó en ejercer la oposición al alcalde Barbosa, por cierto, típico exponente de la politiquería tradicional. Más de cuarenta debates de control político pusieron al descubierto fallas monumentales, que incluso tiene en líos con la justicia a prominentes empleados de su gobierno.

Puso de manifiesto no solo el incumplimiento de promesas electorales del alcalde, sino atentados contra el patrimonio público de Villavicencio, que seguramente los órganos de control deberán juzgar, con la lentitud acostumbrada, pero aunque cojeando. La justicia tendrá que llegar.

Pero no solo dio los debates mencionados; efectivamente las mayorías amangualadas con el alcalde, lo derrotaron en el recinto edilicio¸ pero, acudiendo a la ciudadanía, promovió el pronunciamiento y la movilización de la sociedad y sus organizaciones, obteniendo en las calles los resultados que no logró ante la aplanadora mayoritaria del concejo, enmermelada con el dinero público manejado por el alcalde.

Resonantes fueron la defensa de los acueductos comunitarios, la crítica acerada al mal manejo del acueducto, la denuncia y encarcelamiento de los responsables del deterioro de los dineros de la educación virtual; la derrota del alcalde y sus mayorías al intentar entregar el alumbrado público a particulares, entre otros logros de su actividad.

Sobresaliente la práctica de conformar equipos de voluntarios para juntar la acción dentro del concejo con la actividad abierta entre la población, que permitió cualificar a destacados actores, quienes seguramente servirán de base para la nueva generación política, que se alejará de las prácticas señaladas como aberrantes e inconvenientes para el progreso de los pueblos y ciudades del Meta y de Colombia.

El método Harman es sencillo: hacer control político cuando no se elige la opción que se apoyó en campaña, y ligar los debates a las luchas de la ciudadanía, acudiendo a la movilización ciudadana para derrotar en las calles lo que se haya negado en los recintos enmermelados de asamblea y concejos municipales, todo signado con una sola palabra que en política es símbolo de dignidad: COHERENCIA.

(*) Dirigente agropecuario.

 

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