Dios

|   Opinion

Por: Jaime Eduardo Espinel Riveros (*)

 

En realidad esta columna no es un tratado sobre Dios, son opiniones sobre la curiosidad que me produce la cantidad de “VERDADES” que una cantidad de intermediarios lo define de acuerdo a sus creencias; no solamente quién es Dios, si no también cómo lo debemos tratar, cómo le debemos rezar u orar, cómo estructuramos nuestras lagartearías para que sean oídas, así como también, y en ciertas orientaciones religiosas cristianas, cómo debemos acceder a los deferentes intermediarios que hay entre nosotros y Dios: cantidad de ángeles, arcángeles, santos, beatos, etc. etc.,  muchos de ellos con su especialidad: para encontrar las cosas que se le pierden a uno, para proteger a los periodistas, a los médicos, para curar enfermedades, etc. etc.

Algunas de estas opiniones religiosas también nos dicen lo que le gusta o no le gusta a Dios: imágenes religiosas, la diferencia entre orar y rezar, las relaciones sexuales, en algunos la comida y la bebida, etc. etc.

También estos intermediarios tienen la costumbre de predicar que la única posibilidad y camino de salvación son sus “interpretaciones” de los libros sagrados, y para acabar con estas interpretaciones hay que matar a los que no creen en ellas, como lo hicieron los judíos en tiempos antiguos y modernos, como los católicos y los protestantes durante la Reforma, como los musulmanes en tiempos modernos.

Resalto la palabra “interpretaciones” porque es curioso, que por ejemplo, en muchas de las religiones cristianas, leen la biblia “textualmente”, pero que por algún milagro del lenguaje, cada una la lee “textualmente diferente”, resultando esas múltiples tendencias que tiene el cristianismo.

¿Entonces cómo quedamos? Nosotros los del común quedamos perdidos si nos ponemos a pararle bolas a todas las “VERDADES” que nos predican en todas partes. Pero hay algunas maneras de defensa, una de ellas es cortar la cháchara religiosa de un solo tajo y ponerse uno bravo; la otra es que en caso de ataque “ideológico” pedirle protección al Dios que uno tenga para que lo salve de la herejía y de paso salve a la persona que equivocadamente nos está predicando.

Personalmente creo, como me lo enseñaron en el catecismo Astete, que Dios es un ser eterno, infinitamente sabio y hacedor de todas las cosas, y  a pesar de que en esta definición no está, creo que en ese infinito entra el amor que Él tiene por todos nosotros.

Eso me permite decir que Dios no sufre de ningún complejo de inferioridad, ni tiene baja autoestima, como para que sea necesario andar adorándolo permanentemente. Es increíble la cantidad de verdades de sus diferentes representantes sobre este ser, tanto que forman una cacofonía ininteligible porque tienen mala acústica,  no solamente en lo que dicen, sino también en los establecimientos en que predican.

Dios está en todas partes con infinito amor y punto.

Que Dios los bendiga.

(*) Especialista en oficios varios.

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