La virginidad

|   Opinion

Por: Jaime Eduardo Espinel (*)

 

Este es un tema que siempre está en la cabeza de todas las personas de ambos sexos, tiene dos variantes la virginidad y la no virginidad. Cuando se habla de la no virginidad, esto implica la perdida de algo. ¿Pero si es una perdida?

En mis conversaciones me inclina a pensar que la perdida de esta supuesta virtud no es una perdida, sino que más bien es adquirir un camino hacia el goce placer y la satisfacción de la pareja en muchos aspectos. Esta aproximación implica mutuo acuerdo, respeto, capacidad de goce, un enriquecedor periodo de coqueteo y de acuerdo previo en la condiciones emocionales que esto implica.

No entra en esta discusión las violaciones, el hecho de que la persona sea forzada a tener una relación por conveniencias sociales, o por obligación de tener relaciones sexuales con el jefe para mantener el puesto. Encuentro condiciones en que una relación con ánimo de lucro tiene que ver con la satisfacción y necesidades inaplazables, como son la alimentación, la dormida etc.

Así como también estudiantes de ambos sexos que entablan relaciones con personas mayores o menores e incluyen no solamente el placer en sí y la compañía sino también la necesidad económica de poder financiar su mejoramiento de vida a través de estudios superiores, esto implica relación que puede variar desde la simple amistad hasta el amor.

Hoy en día se pierde la virginidad a muy temprana edad raro es el caso en que los jóvenes llegan vírgenes a los 18 años, la motivación para tener relaciones sexuales varía desde el amor, a satisfacer una curiosidad, a responder a un desafío, por capricho,  o por la pena de decir no a una persona que le ha rogado mucho.

La virginidad se pierde en estos arrebatos iniciales después de un tiempo el joven o la joven comiencen a desear recuperar esta virginidad para ofrecerla al príncipe azul que algún día llegara.

En el caso de la mujer tengo la impresión de que el sexo es más integral involucra más al ser completo, en el caso del hombre más instintivo más de afán, más de  ego. Después de esas etapas iniciales las circunstancias cambian y la amistad  y/o el amor entran a formar parte de la relación.

Como parte de mi trabajo social he adquirido el hábito de conversar  con mamas que tienen hijos preadolescentes o adolecentes  para convencerlas que utilicen con estor jóvenes  los servicios de formación en control de natalidad de las EPS.

A veces encuentro aceptación y otras veces un rechazo absoluto: como se te ocurre esas cosas, los tengo bien educados, las mamás se vuelven muy sensibles a esta idea cuando les sugiero que potencialmente podrían ser ABUELAS JOVENES, y que es mejor comprar condones que pañales, comienzan a conversar conmigo.

Les hago la reflexión de las niñas que quedan embarazadas a los 13 años - 14 años y que ese embarazo y esa criatura vuelven la vida más difícil para encontrar un futuro promisorio. Les recuerdo el placer que ellas (estas mamás)  sintieron con el primer rose en un baile o la mano de un muchacho en su espalda desnuda, y les advierto que las mismas hormonas que corren por sus venas están funcionando en sus vástagos, y que estas hormonas pueden llevar a un embarazo  como les paso a ellas.

El primer encuentro sexual de una niña implica para ella una serie de emociones encontradas, culpa, dolo,  en algunas ocasiones placer, mucho miedo, que esa niña confusa aterrorizada con ganas de llorar tengan una mamá, con la capacidad de entender y abrazar a este ser que ya se les creció, por eso cuando se dé la ocasión de ir a la EPS a las instrucciones de control de natalidad usted mamá las debe acompañar, para que ellas se han conscientes de que juntas saben lo mismo sobre estos hechos.

(*) Especialista en oficios varios.

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