Buenas y malas noticias para los campesinos

|   Opinion

Por: Sérvulo Velásquez (*)

 

Entre finales de septiembre y comienzos de octubre de este año, se presentó una seguidilla de buenas y malas noticias para el campesinado, de las que nada o poco se ocuparon los medios de comunicación y las redes sociales. Quiero referirme a algunas de ellas, en orden cronológico, subrayando de entrada su importancia en general y para la región.

El 28 de septiembre se produjo la “Declaración de los derechos de los campesinos y de otros trabajadores rurales”, por parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Este organismo estableció, como lo han venido planteando organizaciones campesinas de todo el mundo, que este sector de la población, además de los derechos inherentes a toda persona por el hecho de serlo, como la vida, la libertad, la seguridad social y la educación, debe ser titular de derechos especiales, dada su situación económica, social y cultural particular, como el derecho a la tierra, a sus propias prácticas productivas y alimentarias, sus saberes tradicionales y formas culturales, así como a las semillas que produzcan. Derechos diferenciales que todos los Estados deben garantizar.

Al otro día, 29, se realizó en Villavicencio el “Taller Construyendo País”, del presidente Duque, acto en el que, a juicio de Eudoro Álvarez en reciente columna (Construyendo o destruyendo país, 7 de octubre), la participación de los campesinos fue de “escasos tres minutos”, luego de “once horas de fatigante espera”, perdiéndose así la oportunidad de escuchar las justas y urgentes demandas de “los arroceros y campesinos del Ariari”. Y del resto del departamento.

Sin embargo, como no todo han de ser malas noticias, durante los días 4, 5 y 6 de octubre, tuvieron lugar el “Primer Encuentro de Saberes Campesinos”, “Tercer Foro de Producción Agroecológica en el Trópico”, de la Corporación Universitaria Minuto de Dios, con “Mercado Agroecológico Campesino” en el Parque Infantil, incluido y la publicación de la edición número 12 del Informativo Campesino.

Estos hechos refundidos en la maraña de noticias verdaderas y falsas, (tan de modas estas últimas ahora), con las que nos asedian prensa, radio, televisión e internet, obligan a la reflexión y al análisis.

De una parte, pues, como señala Irina Alejandra Junieles Acosta de Dejusticia, en Malas noticias para el campo (Octubre 7, 2018): “Preocupa que el conjunto de estas decisiones (las oficiales aclaro yo) reflejen el interés por impulsar una política agraria que potencia el extractivismo y los proyectos de la industria agrícola de gran escala, convierte a los campesinos en trabajadores asalariados y olvida la necesidad de reparar el impacto del conflicto armado en las zonas rurales”.

Por otra, resulta alentador constatar hechos positivos como estos: logros en el reconocimiento, así sea tardío, de los campesinos como sujetos sociales, consolidación y expansión de la agricultura campesina, familiar y comunitaria, reconocimiento de su aporte a la producción de alimentos inocuos y a la mitigación de los efectos del cambio climático, fortalecimiento de la iniciativa campesina de los circuitos cortos de comercialización y las redes que los apoyan: Red Nacional de Agricultura Familia (Renaf), Mercados Campesinos del Meta, Consumo Responsable, universidades públicas y privadas y organizaciones como Dejusticia.

Nota: En el transcurso de los debates del interesantísimo Foro de Producción Agroecológica en el Trópico, escuché una afirmación contundente con la que quiero cerrar esta columna: “Comer es un acto político, y comer conscientemente es un acto revolucionario”.

(*) Pedagogo.

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