Región de la Orinoquia

|   Opinion

Por: Leonel Pérez Bareño (*)

 

A raíz del anuncio de la pronta firma del presidente Iván Duque de la Ley de Regiones, se ha desatado recientemente una epidemia de propuestas acerca de las regiones que surgirían del territorio amazonense y orinoquense. Aquel comprende tres departamentos: Amazonas, Putumayo y Caquetá, que suman casi 250.000 kilómetros cuadrados (km2).

Esta, nuestra Amazonia, la componen nueve países. Colombia aporta cinco por ciento de tal inmensidad que encierra cinco millones de km2, tanto como el tamaño de Europa. En todas partes se considera la Amazonia el Pulmón del mundo, lo que sugiere mandato de protección, de evitar carreteras, producción agropecuaria, colonización agraria, que invita a estimular aviones y navegación fluvial.

En Colombia desde el presidente Virgilio Barco (1986 – 1990) se ha fortalecido la tendencia a declarar áreas protegidas en todo el país, pero en especial en la Amazonia. La última fue Chiribiquete, de dos millones de hectáreas (ha) bajo la administración Santos (2010 – 2018). Ya nos acercamos a veinte millones de ha, igual al veinte por ciento del territorio nacional. Allá están ciudades como Leticia, Mocoa, Puerto Asís y Florencia.

Luego hacia el Norte, o mejor Nororiente se halla la Orinoquia, compuesta por cuatro departamentos llaneros: Arauca, Casanare, Meta y Vichada, y por tres departamentos de la selva de transición: Guaviare, Guainía y Vaupés (GGV). En sentido riguroso esta transición selvática comienza en dos municipios del Llano, Mapiripán en Meta y Cumaribo en Vichada.

Los siete departamentos que encierran 300.000 km2 comparten una cultura dominante: la llanera, y las demás propias del país tan diverso que conforma la nacionalidad colombiana.

Allí están los afros, indígenas, llaneros y nuevos llaneros. Estos recién llegados pobladores corresponden a los empresarios asentados en los últimos 25 años, para impulsar el desarrollo moderno de las labores agropecuarias e industriales. Son inversionistas con capitales grandes, nacionales y extranjeros, armados de instrumentos científicos y gerenciales de primer orden.

La Orinoquia que en 1938 constituía el uno por ciento de la población colombiana, hoy aporta más del cuatro por ciento de los 47 millones de colombianos. Es la región que más ha crecido en los últimos 80 años. Y la que más crece en la actualidad. Mientras la población de Colombia crece al 1,3 por ciento anual, Casanare lo hace a 2,5%, Meta: 2,8%, Arauca: 3,0%  y Vichada: 4,1%.

El país y el mundo apoyan el crecimiento de la Orinoquia, no sin críticas sobre las consecuencias de una mala resolución del dilema desarrollo vs ambiente. Ya el libro La mejor Orinoquia de la Universidad de los Andes expone cómo esta es la tierra de Colombia con mayor opción de incremento económico del próximo medio siglo, pero también la más frágil en términos ambientales.

Pues bien, asunto decisivo para magnificar lo positivo y minimizar lo negativo es comprender con justeza e inteligencia lo atinente al ordenamiento territorial. El país requiera reordenar el territorio. Advertir las circunstancias que indujeron la conformación de los departamentos hace 170 años, ciertamente distintas a las de hoy, proteger a como dé lugar el agua y la biodiversidad.

Ello acarrea hacer buen uso de la Ley de Regiones, consultar a la sociedad civil, actuar con rigor científico y dejarse orientar por el peso que entraña la cultura, más que la naturaleza de la economía o de la biología. En todo caso la tendencia mira hacia el desarrollo de la Orinoquia con aparatos productivos competitivos, vías carreteables modernas, navegación fluvial y aérea eficientes. Hoy ya la Orinoquia –y en especial el Meta- ocupa el primer puesto en renglones estratégicos de la Nación: petróleo, palma de aceite, arroz, plátano, cacao, caña alcoholera, alevinos, soya. Pronto lo será en cerdos, maíz, cacai, entre otros clusters pujantes que nadie podrá detener.

La Ley de Regiones constituye oportunidad para esclarecer las relaciones dentro de la región. Es evidente que GGV, en su composición biológica es mayoritariamente amazónica, pero en su formación humana, económica y cultural es completamente orinoquense.

En su totalidad los vínculos de estos tres departamentos se producen con Villavicencio, Meta y Vichada. Entre estos tres departamentos, GGV, y la Amazonia no existe comunicación fluvial, aérea ni carreteable de especie alguna, no existe intercambio en absoluto de algo, no tienen vocaciones similares. La relación toda se halla de GGV se da con el territorio que es abrazado por la gran cuenca del río Orinoco.

Por lo anterior la propuesta de la Asamblea del Vichada de establecer una sola región amazonense-orinoquense es desde todo punto de vista perjudicial, débil, inoportuna. Y peor aún lo es la propuesta de la Asamblea del Caquetá, de unir a la Amazonia a GGV y a Vichada. Son iniciativas que han emergido de la ignorancia y del desconocimiento sobre lo que es una región y lo que significa el ordenamiento territorial. Una supuesta región de 600.000 km2 no es una región, es una Nación. Tal es la extensión de Francia, país que tiene 16 regiones y 92 departamentos en un área similar.

Pero ¿Por qué se dan estas cosas que ocultan una carga tan destructiva de organización estatal? La principal razón es la incapacidad de la dirigencia metense de acometer con seriedad el asunto del ordenamiento territorial.

A ello súmese la cantinflada del gobernador anterior de unir al Meta con Bogotá, Cundinamarca y Tolima, antes que con el Llano o la Orinoquia, en una figura anodina llamada RAPE.

Pues bien la Ley de Regiones da oportunidad de corregir los errores de Jara, de asumir la región como un producto de la cultura y la historia, de situar en su lugar justo las determinantes de la geografía, hidrografía, factor biomasa, y contribuir a la unidad nacional con base en la autonomía, ejercicio de la descentralización, y la ampliación y profundización del régimen democrático colombiano.

Lo apropiado es aferrarse a la Región Orinoquia mediante la agrupación de los siete departamentos que conformaban el Corpes Orinoquia. Sólo que la Ley de Regiones, un salto trascendental en la tarea de consolidar la Colombia moderna del siglo XXI, permitirá la RAP y luego la RET.

Primero la región de administración y planificación, y después la región como entidad territorial. Tal como lo señaló la Constitución Política de 1991.

(*) Ex director del Corpes Orinoquia. Ex presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Villavicencio.

Llegó la dotación escolar para los niños en Guamal (Meta)

Villavicencio: Pilas con el trago adulterado