La Navidad y las otras fiestas

|   Opinion

Por: Jaime Eduardo Espinel Riveros (*)

 

Aparentemente todo el mundo está feliz con la llegada de la Navidad y las fiestas que se desarrollan alrededor, pero cuando se analiza este tema, descubrimos que hay sentimientos antagónicos en cada persona. Bien los regalos, bien los tamales, natillas, etc., bien el wiski, aguardiente y parecidos, bien las compras y el ambiente que tienen las calles llenas de familias y especialmente de niños.

Pero mal el gastadero de plata, las indigestiones y malestares por comidas, tanto demasiado sabrosas como demasiado abundantes; los guayabos, los abrazos interesados que esperan prebendas y regalos, los viajes que se tienen que hacer para visitar familiares agradables o desagradables, y en enero llegan los rojos de bancos, la imposibilidad de pagar la tarjeta de crédito, la plata que va a faltar para pagar matrículas, uniformes y textos escolares.

Adicionalmente los representantes de Dios en la tierra, están tan ocupados rezando novenas, oficiando misas, atendiendo invitaciones, lo que impide la muerte en paz ante la dificultad de recibir los últimos auxilios.

Pero muchas de estas cosas no se pueden decir porque la persona que lo diga queda tachada de tacaña, insensible, desnaturalizada familiarmente, y cualquier cantidad de epítetos que se aplican al expresar estos sentimientos.

El exceso de trago que se consume en estas circunstancias, algunas veces crean situaciones de agresión que hacen que exploten en crisis de gritos, puños y agresiones, por lo cual la supuesta alegría termina en las salas de Urgencias y en la división permanente de amigos y familias.

Entonces llega enero, febrero y  el arrepentimiento por los kilos de más, por la escases de plata  y los resentimientos que resultan de decir tantas verdades.

De todas maneras que Dios los guarde, Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.

Nota: esta nota es corta porque tampoco queda mucho tiempo para leer.

(*) Especialista en oficios varios.

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