El bicencentenario de la Independencia Nacional (1819 - 2019)

|   Opinion

Por: Sérvulo Velásquez (*)

 

La conmemoración durante este año de los 200 años de la Independencia nacional resulta una excelente oportunidad para el rescate, resignificación, exaltación y divulgación de personas, hechos y textos desconocidos, opacados o tergiversados por las versiones oficiales de la historia, en búsqueda de relatos fundacionales alternativos que nos permitan construir de manera colectiva un nuevo y auténtico sentido de identidad en un país que ha cambiado de amos pero no de condición como expresara algunos de sus próceres: Antonio Nariño.

Hace 9 años, con motivo del comienzo de la celebración del bicentenario de aquel acontecimiento histórico, propuse a la reflexión de los lectores algunas ideas, que ahora al iniciarse la conmemoración de la campaña libertadora de 1819, cobran actualidad, razón por la cual volveré a plantearlas, casi de manera textual y a ampliarlas, con mayor razón en tiempos en que se afianza la tendencia a tergiversar burdamente la historia mediante dislates que provocan indignación y risa.

En primer lugar, insisto en subrayar la importancia del movimiento comunero de 1781 en todo el proceso de luchas contra el colonialismo español, y la necesidad de rescatar para la Historia (con mayúscula) la figura heroica de José Antonio Galán, por su fidelidad a la causa traicionada por los dirigentes criollos de la época.

El 20 de julio de 1810, por su parte, continuaría y acentuaría la costumbre de las élites de utilizar para sus propios y mezquinos intereses a las clases populares, abandonadas luego de la victoria a su suerte, esta vez encarnada en otra figura heroica olvidada: José María Carbonell, quien al frente de los “Chisperos”, le confirió el carácter de insurrección popular a algo que sin su participación no hubiera pasado de ser un bochinche de los criollos descontentos con el gobierno español.

Sabido es, además, el papel decisivo del llano (Arauca y Casanare) en la campaña libertadora de 1819; pero así mismo olvidados el aislamiento y el abandono posteriores de la región por parte de los nuevos poderes instaurados. Habrá que volver a contar la historia del “ejército de pordioseros”, como llamó a los llaneros, el general español José María Barreiro, y de “las juanas”, que los seguían en calidad de acompañantes y enfermeras.

También conviene recordar, sobre todo a quienes atizan viejas o nuevas discordias entre colombianos y venezolanos, que hace dos siglos estos dos pueblos hermanos lucharon juntos por la libertad e hicieron parte del gran sueño bolivariano de la Gran Colombia.

Por último, quiero esbozar, desarrollar y defender la tesis de que Colombia necesita una segunda independencia, y para lograrla se requiere emprender una segunda campaña libertadora, ojalá otra vez desde este País del Orinoco, pese al conformismo, resignación y domesticación de los últimos años, aún libertario y capaz de rescatar el ejemplo de sus verdaderos héroes populares.

(*) Pedagogo.

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