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El miedo

Por: Jaime Eduardo Espinel Riveros (*)

 

El miedo tiene una mala prensa, seguramente porque es un sentimiento que cuando se tiene, causa malestar en todo el cuerpo y en toda el alma: angustia, desesperanza, palpitaciones, dolor de cabeza, dolor de estómago, tembladera, frialdad en las manos, en el corazón y un deseo de llorar y salir corriendo para algún lado.

Estos sentimientos que no son nada cómodos son descritos en todas las películas, literatura, novelas, poemas, etc. y son entendidos por todo el mundo. Pero resulta que este sentimiento es uno de los más importantes, que resulta del instinto de supervivencia y protección físico, espiritual y mental de los individuos, ya sean estos humanos o animales. Es universal.

Cuando cruzamos una calle miramos para lado y lado por miedo a que un carro nos atropelle; cuando nos subimos al bus estamos pendientes de los bolsillos por miedo a que nos roben; no vamos a ciertos lugares porque de pronto hay disparos, tenemos cuido con nuestras amistades y amores para no ser heridos; tenemos miedo a ideologías políticas porque alguna de ellas puedan ir en contra de nuestros intereses familiares, personales.

Tenemos miedo al hambre, a la muerte, al fracaso y a las incomodidades que este pueda traer, el miedo nos obliga a ser precavidos con todo y en todo nuestro entorno, para evitar que algo malo nos suceda ya sea físicamente, intelectualmente o emocionalmente.

Es parte importante de tener tranquilidad, de poder dormir con descanso, de ver caminos en la vida que no tengan o tengan poco riesgo; si sentimos miedo es una señal de advertencia un bombillo rojo que nos avisa que algo puede andar mal, hay que tenerlo en cuenta, hay que revisar que pasa, hay que ver el camino que tenemos, la calle que vamos pasar, la amistad que vamos entablar.

Tengamos en cuenta que este es un artículo sobre el miedo, no el pánico, el pánico paraliza, enceguece, bloquea, no deja pensar, no deja entender, hace que la persona salga corriendo sin saber para donde va.

El “miedo” es pensar y reflexionar para alcanzar caminos menos riesgosos, a diferencia del pánico el cual es el instinto de huida del peligro, de salir corriendo sin reflexionar de aquello que nos amenaza; el pánico es instinto, el miedo es un llamado a tener cuidado.

Entonces saludemos al miedo como un amigo que nos ayuda a llegar a buen término, en cualquier emprendimiento, pero sin dejarnos esclavizar por él.

(*) Especialista en oficios varios.

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