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Familias damnificadas por el desbordamiento del Río Guatiquía sonríen en medio del frío, la noche y las cosas perdidas

#Crónica - Por: María Fernanda Guerrero*

 

 

En la madrugada del viernes 30 de abril, más de 10 familias del sector Villa Campestre, sufrieron la tenacidad del Río Guatiquía, el cual se llevó parte de sus casas y objetos. Sin embargo, no logró desaparecer su fortaleza y resiliencia.

Estas personas día a día tienen que enfrentarse al peligro del agua por estar inmersos en un barrio que, por su nombre, (Villa Campestre) pareciera ser de un sector muy prestigioso, pero que en la realidad resulta ser una invasión en toda la orilla de ese importante afluente.

En la emergencia, afortunadamente no hubo fallecidos ni personas desaparecidas, pero muchas perdieron parte de las cosas que con tanto esfuerzo habían conseguido. Es por ello que, pese a la ayuda que les brindaron los organismos de socorro, algunos decidieron quedarse en sus casas, cuidando lo poco.

Al lugar, llegó la Oficina de Gestión del Riesgo, socorristas, funcionarios de la Alcaldía de Villavicencio y el mismo mandatario local, Felipe Harman, quienes inmediatamente iniciaron una caracterización de las familias y los daños. Al poco tiempo, adecuaron el colegio Narciso Matus, institución aledaña a Villa Campestre, para albergas a cerca de 10 familias afectas.

Muchas de ellas no llevaron sino lo poco, incluso con sus ropas empapadas al albergue temporal. Abuelos, madres, jóvenes y niños fueron trasladados a esta institución educativa, donde los esperaba el Alcalde para ubicarlos de la mejor manera posible en los salones de clases. Pese a este corre, el frío y el hambre, muchos de los jóvenes y niños no apartaron su sonrisa entre ellos, molestando al uno y al otro, contagiando a los adultos de un poco de calma en medio del caos.

El tinto no podía faltar. Estas familias se la arreglaron para que en una de las casas menos afectadas pudieran preparar un tanto de esta bebida que los mantenía despiertos y calientes. Unos esperaban allí en esa casa vecina y otros reclamaban la pronta solución de la emergencia, otros solo aguardaban.

Entretanto, la jefa de Gestión del Riesgo, Karol Sanchez, junto a un equipo de trabajadores de la Administración, buscaban con linterna en mano a las familias que aún seguían en sus hogares. Aquellas debían ser trasladadas urgentemente, puesto que el río ya corría en unos cuantos metros de distancia.

     -¿Hay niños aquí? –

    -¿Cuántos son? – Preguntaba casi gritando la Jefe de Gestión mientras entraba a una de las            casas afectadas.

De otro lado, algunos habitantes aprovecharon para sacar sus cosas y llevarlas a la casa de algún vecino que pudiera cuidarlas del agua y de los ladrones.

Al final, los que fueron trasladados al albergue recibieron las ayudas humanitarias que empezaron a llegar al colegio. Sábanas, colchonetas, alimentos y productos de aseo personal.  Ahí, en ese momento, empezaron a nacer nuevas sonrisas, los niños jugaban, las mujeres hablaban entre ellas como toda una pijamada obligada, mientras esperaban que el río no se llevara, ni al ser querido que se quedó al otro lado ni a sus cosas.

Esta realidad la viven muchas familias en Colombia que están asentadas en terrenos de alto riesgo, tal como cerca de los ríos y que por esa misma situación no pueden ser legalizados, sino reubicados por las Alcaldías. Sin embargo, no es tan fácil como suena, ya que muchos no quieren irse del techo que han construido con sus propias manos. Mientras tanto, las autoridades locales siguen haciéndole frente a estas situaciones tratando a toda costa que el daño sea menor.

*María Fernanda Guerrero, periodista de NoticiasDeVillavicencio.com