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Y ahora la yuca y el plátano…

#OPINIÓN Por Eudoro Álvarez Cohecha (*)

 

Luego de la publicitada crisis de la papa, tubérculo básico en la alimentación de nuestra población, se está dando el bajonazo vertiginoso del precio de la yuca, importante producto llanero, a tal nivel que algunos productores están rastrillando sus cultivos, ante la inviabilidad de sacarla del suelo, pues no paga los costos ni de su arrancada.

Hace un poco más de dos años, siendo ministro de Agricultura del anterior gobierno el actual gobernador del Meta, se vivió una situación similar, cuando exactamente lo mismo de hoy, se tuvo que recurrir a acciones desesperadas como las descritas, ante la crisis de precios de la valiosa euforbiácea. Vigorosas y numerosas protestas de los cultivadores hicieron que se asignaran entonces recursos que en algo aliviaron la situación.

Con el plátano hartón, cultivo insignia del Ariari, estamos llegando a situaciones parecidas a las de la papa y la yuca. Parece que las crisis se volvieron endémicas en estos cultivos; en tanto, se continúa trayendo papa del extranjero, con tantos subsidios que queda imposible a nuestros campesinos competir contra chequeras tan poderosas como la europea.

La dificultad se potencializa porque la pandemia actual agrava la situación, pues los  colombianos pobres que son la mayoría de la población, según el DANE, solo están consumiendo dos alimentos al día y seguramente muchos tan solo lo hacen una sola vez, resultante de lo cual alimentos como los que analizamos, paradójicamente, están sobrando en medio de un país hambriento.

Pero el desbarajuste no para ahí. Mientras a los productores se les paga a 100 pesos la libra (un bulto de 60 libras tan solo se remunera con 6.000 pesos) a los consumidores se les cobra, en un fruver de clase media, 750 pesos por la misma unidad de peso.

Esta inequitativa distribución es fruto de una cadena de intermediación absolutamente desproporcionado en favor del comerciante, que no es objeto de ningún tipo de control ni medida que corrija esa aberración,  empobreciendo a los campesinos y arruinando a quienes se atreven a ser “héroes” para asegurar la provisión de alimentos de sus compatriotas.

A las quiebras y remates de bienes subsiguientes, no es con paños de agua tibia como se les dará la mano a los cultivadores; mínimo un subsidio generalizado para honrar obligaciones bancarias y extra bancarias debería estarse arbitrando a quienes se aventuran en esas sí heroicas actividades.

¿Entre tanto qué hace el gobierno, tan desvelado en aprovisionar a los bancos para que continúen acumulando utilidades en medio del desastre que se nos vino encima con la COVID? A más de una trasmisión televisiva diaria y anuncios que poco llegan a las víctimas de este desastre y de los esfuerzos vergonzosos por “ayudar” empresas extranjeras como Avianca, al agro es muy poco y bastante cicatero lo que ha destinado para resolver tan espantosa situación.

Parece que no se entendiera que vivimos una situación extraordinariamente distinta a la que teníamos en el pasado cercano y lejano. La ortodoxia económica no funciona en situaciones como las actuales; lo básico para resolver crisis como las que se viven, es procurar, hacer los más grandes esfuerzos a garantizar que en medio del desempleo, se asignen recursos a quienes han cesado en su trabajo; hay que meter plata en el bolsillo de la gente y asegurar que el consumo se estimule por esta vía y para ello a más de transferencias económicas directas a la población en general priorizando  la vulnerable y a aquella víctima de la pobreza vergonzante, La otra manera debe ser con una efectiva actividad de compras públicas destinada a proveer alimentos a aquellas personas que han suspendido o recortado tan drásticamente su rutina alimentaria.

Este faltante de política se ensombrece aún más cuando se conocen noticias como las del ICBF, en donde con la complicidad de funcionarios venales, se alimentan niños que no existen, mientras que quienes verdaderamente lo necesitan perecen por esos faltantes generados por la más descarada e impune corrupción.

Los hechos nuevos destaparon la ineficacia de un modelo económico que aunado a la corrupción política están causando tanto dolor a la población que se abren necesariamente vientos de cambios políticos de fondo que nos permitan renacer luego de este fatídico incendio.

(*) Dirigente agropecuario del Meta.

 

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