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Pandemia, familia y otros animales

#OPINIÓN Por Eduardo Espinel Riveros (*)

 

Con cierta prevención y mucha ignorancia antes de la pandemia habíamos oído hablar de webinar lo cual era sencillamente otra tecnología que daba miedo aprender, pocas plataformas se usaban, vino la pandemia que nos obligó a limitar las reuniones presenciales de cualquier tipo, pero la necesidad de comunicar ya fuera para discutir, llegar acuerdos, celebrar fiestas familiares, así como también para ver cómo estaba la familia, en que andaban los amigos, etc.

La necesidad de comunicación y la imposibilidad de las reuniones presenciales han obligado a la proliferación y utilización de estas plataformas (Zoom, Meet, Teams, etc.)

Estos medios hicieron posible el trabajo en casa y eso ha implicado no solamente una revolución desde el punto de vista de empresas sino también y aún más una revolución desde la vida familiar.

Por dichas reuniones se volvieron virales las personas que se sientan al frente de su computador  bien peinados y con corbata pero que al levantarse a ir al baño se le ven los calzoncillos, las mujeres que no activan la cámara de video por que no han tenido tiempo de arreglarse, de vez en cuando también  los perros participan en las reuniones con ladridos o se acercan para ser acariciados y los gato que se pasean al frente del computador con su cola alzada y que protestan enérgicamente cuando los quieren bajar.

Esta interacción familiar tan estrecha seguramente ha traído cambios de comportamiento en papas, mamas, hijos, perros y gatos, estos cambios y como todos los cambios traerán problemas.

En épocas anteriores el papa, la mama y los chinos salían para sus trabajos, colegios o universidades más tarde regresaban a casa, los perros y los gatos los sacaban hacer sus necesidades en horas no laborables y en horas laborables les dejaban agua y alimento a discreción, hoy en día y por lo general y en general todo eso ha cambiado y en la casa, papa, mama, chinos, universitarios, perros y gatos viven el obligatorio confinamiento interactuando unos con otros permanentemente creando desacuerdos, molestias que desembocan necesariamente en aburrimiento y en conflictos.

Antes las separaciones diarias de las familias eran causadas por sus diferentes actividades daban el sentimiento de “me hacen falta”, hoy seguramente el sentimiento es que manera aguantarme toda esta vaina.

Tengo una anécdota personal que tal vez ilustra esta situación, salíamos a viajar con mi mujer y los primeros 15 a 20 días del viaje eran muy agradables, pero después de este tiempo entrabamos en conflicto sobre cualquier pendejada, eso nos enseñó a que nuestros viajes juntos con interacción obligatoria de 24 horas al día no podían durar más de ese tiempo, regresábamos a Villavicencio  y al otro día a las 8:00 a. m. ella salía para su trabajo y yo para el mío, al medio día almorzábamos, a las 2:00 p. m., nos separábamos otra vez y nos veíamos a las 6:00 p. m., los hijos salían a sus colegios y también nos veíamos a medio día y por la noche, las diferentes experiencias diarias de la familia se volvían diálogos donde compartíamos preocupaciones, noticias, aventuras, nos enterábamos de problemas y soluciones de las empresas donde trabajamos, los niños comentaban su día  y nos informaban de que a la niña un amiguito le robaba las moñas todos los días, que la profesora fulana de tal era una mierda porque lo rajaba todas la veces en matemáticas, que con las niñas no se podía jugar por que lloraban mucho. Eran conversaciones estimulantes que nos unían, aunque a veces había discusiones y desacuerdos.

Hoy en día y gracias a la pandemia este estímulo de lo nuevo se ha terminado, solo queda el encerramiento y ver el mundo atreves de la pantalla de un computador o de un teléfono y la familia como unos muebles que caminan y hablan siempre de las mismas cosas. Esta nueva forma de vida que va a durar un poco de tiempo ojalá encuentre algunos caminos que hagan la vida más agradable. 

Ya esta columna está muy larga, si la acabo de escribir seguramente les da mamera leerla, falta describir el abuso que cometen las empresas con el pretexto de trabajo en casa obligando a los empleados a trabajar más de las 8 horas al día, abusando de su tiempo libre. Esta parte será otro día.

 

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