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Soldado advertido…

#OPINIÓN Por Eudoro Álvarez Cohecha (*)

 

Es un hecho que el país tiene arroz suficiente, demostrable con los inventarios comprobados de cerca de un millón de toneladas de arroz almacenadas y esto sin comenzar la cosecha de mitaca que deberá recolectarse desde enero de 2021. También es comprobable que los colombianos han dejado de comer y que uno de los productos que se sin consumir es el arroz; de tres alimentos diarios se ha bajado a solo dos y en muchos casos solo a uno.

La industria está estoqueada; paradójicamente en medio de la hambruna los alimentos están sobrando; a la papa, el maíz, las frutas, la yuca y el plátano se puede sumar ahora el arroz.

Los resultados aceptables de la última cosecha grande de arroz, es decir de la que se siembra en el primer semestre de cada año, la buena productividad de la misma y el acuerdo de precios con la industria, ligado al incentivo al almacenamiento con que apoyó el gobierno nacional, aunado al precio del dólar que encareció el arroz extranjero, todo lo cual sumado, generó una expectativa positiva entre los productores del grano, con miras a la cosecha grande de 2021.

A pesar de lo anterior, tercamente se insiste en el error de comprar comida en el extranjero, teniendo la alacena nacional repleta. Los acuerdos de comercio (TLC), nos tiene ante la perspectiva de echarle gasolina a la hoguera al pretender importar más de 300.000 toneladas de arroz blanco, procedentes de EE. UU., Perú y Ecuador, o su equivalente con más de 600.000 de arroz cáscara seco, que desplazarían cerca de 100.000 hectáreas nacionales.

Esta política diseñada e implementada desde el gobierno de César Gaviria (1991-1994) hasta el de Duque (2018-2022), sin interrupciones, nos ha convertido en un país que depende en buena medida, para la alimentación de su población, de comida extranjera.

Durante la pandemia incluso se llegó a bajar aranceles, como en caso del maíz, mientras en Córdoba los maiceros no han podido vender 20.000 toneladas de maíz blanco; y aquí en el Meta los yuqueros del Ariari han incluso rastrillado sus cultivos y los cultivadores de guayaba han botado su producto, y los plataneros están vendiendo por debajo de sus costos de producción.

Las ayudas cicateras del gobierno no han terminado de llegar a los productores, enredados en medio de un papeleo laberíntico, que no han podido desenredar, mientras el Ministro de Agricultura saca pecho con anuncios que son solo eso: anuncios.

Debe entenderse que vivimos una situación extraordinariamente distinta a la que teníamos en el pasado cercano y lejano.

La ortodoxia económica no funciona en situaciones como la de la actual pandemia; Los cuidados sanitarios y la provisión de una vacuna son solo parte de la solución; la reactivación económica pasa por meterle plata en el bolsillo a la gente para reavivar el consumo.

Asimismo las compras públicas destinadas a proveer las instituciones y suministrar alimentos a aquellas personas que han suspendido o recortado tan drásticamente su rutina alimentaria deben dejar de ser letra muerta desde el Gobierno nacional y los departamentales y municipales.

Con la anticipación debida, alertamos a las entidades gubernamentales para que se tomen medidas a tiempo y no se repitan amargas realidades como sucedió con otros productos básicos en la alimentación nacional.

La urgencia tiene que ver con la revisión de las importaciones previstas a partir de 2021, alegando el interés nacional y la muy particular situación que se afronta en el mundo entero. A más de las divisas que se gastan, el golpe a la producción nacional es demoledor.

En el caso del arroz, deben apropiarse recursos para prolongar el incentivo al almacenamiento y condicionarlo para quienes no importen arroz en 2021.

En cuanto a la reducción de áreas, debería enfatizarse en quienes lo hacen en más de 500 hectáreas, medida que incluso serviría para aclarar las siembras milagrosas que seguramente tienen detrás recursos “Non Sanctos”; pedirle a los pequeños y medianos productores que bajen áreas de siembra es exigirles que se retiren del cultivo.

La importancia de este cereal radica en que se cultiva en 22 departamentos, en 215 municipios y da ocupación a dos millones de colombianos del campo y la ciudad. En el caso del Meta son 350.000 jornales que se exponen y más de 2000 familias que arriesgan su patrimonio a perderse.

Entre Casanare, Meta, Arauca, Tolima, Huila y Norte de Santander, se siembra más del 85% del arroz colombiano; afrontar unificadamente esta amenaza, por estos, es un imperativo colectivo, en donde junto a los productores debería estar la dirigencia política y gubernamental; no se trata solo del arroz, es la estabilidad económica y social de éstas regiones.

(*) Dirigente agropecuario.

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