Joropódromo: reactivación, inclusión y arte

2.254 bailadores se tomaron las calles de Villavicencio para deleitar a propios y turistas con su majestad el joropo. En una jornada maratónica de más de 2 horas, niños, jóvenes, adultos, adultos mayores y personas en condición de discapacidad de las diferentes regiones del país, expusieron al público los resultados de su arduo entrenamiento para dar lo mejor de sí en la competencia de joropo más grande de todo el país.

A ritmo del zapateo, el cuatro, el arpa y las maracas, el Joropódromo volvió recargado luego de un año de inactividad por la pandemia. En su versión número 20, los espectadores pudieron disfrutar del desfile de carrozas en homenaje a las cuadrillas de San Martín, de las reinas y por supuesto, de las agrupaciones de baile que, a pesar del calor y el cansancio, dieron el mejor espectáculo en este recorrido que inició en Alkosto, pasó por la Avenida 40 y terminó en la calle 15 en la Octava de la Esperanza.

“Es el mejor concurso que puede medir el nivel de talento de todos los grupos a nivel nacional y creo que es el concurso en el que podemos ver lo que tanto merecen nuestros niños con todo el esfuerzo que hacen día a día para prepararse”, señaló Betsy Moreno, instructora de la Casa de la Cultura de Puerto Lleras, donde en el último año, los bailadores de joropo se prepararon en las calles de ese municipio entre 2 y 3 horas diarias sin parar, para aguantar la larga jornada del Joropódromo.

Nuevamente, las minorías tuvieron su espacio; las agrupaciones de personas con limitaciones auditivas y síndrome de down estuvieron entre las presentaciones más emblemáticas y emotivas que tuvo esta celebración, demostrando una vez más, que la pasión por el arte y la cultura no tiene límites.

Así mismo, poblaciones como la afrometense tuvo su lugar en esta fiesta que giró en torno a la alegría, el color y la fuerza de su majestad, el joropo.

“El amor del público hacia nosotros cada año evoluciona, crece, crece, crece y siempre es a favor de nosotros, porque ver bailar a un negro aquí en los llanos y sobre todo un grupo de solo afros, es algo muy bacano, muy vistoso, muy bonito”, afirmó Julián Felipe Viafara, integrante de la agrupación Afro Acrecer de la inspección de Veracruz de Cumaral, Meta.

Afro Acrecer, que ya se ha presentado en otras versiones del Joropódromo, obteniendo el tercer puesto en 2017 y el segundo en 2018 y 2019, a pesar de que tuvo una preparación algo compleja por las dinámicas que ha establecido el covid, la falta de recursos y el que muchos de sus integrantes tuviesen otras responsabilidades como el estudio o trabajo, llegaron a Villavicencio con el dinero que recibieron de donaciones de entidades y personas para contagiar a todos con su amor por el baile y la cultura llanera.

Pero este evento no solo buscaba rendir tributo al Joropo, también tenía el objetivo de contribuir en la reactivación económica, no solo de los locales del sector por el cruzaban los bailadores, sino también la de vendedores ambulantes y emprendedores, quienes pudieron poner puestos para ofrecer sus productos.

“Ayuda mucho a la reactivación económica que es de lo que nos estamos levantando después de la pandemia y segundo, que nos ayuda a adueñarnos más de nuestras raíces llaneras y de nuestro folclor”, agregó Betsy Moreno.

Por su parte, los espectadores que eran de todas las regiones del país, quedaron alucinados por el trabajo y el esfuerzo que hizo cada uno de los concursantes del Joropódromo para dejar en alto la cultura de los llanos, que se ha caracterizado por, como reza el dicho popular, “darle la mano al que llega”.

En total fueron $300 millones de pesos en premios los que se disputaron estos participantes provenientes de los departamentos de Boyacá, Casanare, Cundinamarca, Guaviare y Meta, bajo las modalidades de baile moderno y tradicional.

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